Víctor Hugo Islas Suárez

Cuando llego la declaración de la pandemia todos estábamos ensimismados en lo propio sin importarnos demasiado el ya famoso virus, en cuestión de un par de semanas los escenarios familiares, laborales y sociales cambiaron por completo, nadie estaba preparado para enfrentar el impacto que esto nos produjo, y sin embargo de toda crisis debemos aprender.

La seguridad fue posiblemente el ultimo pensamiento que paso por muchas mentes, nos preocupamos más por tener una mesa y una silla, nos importó más (y con razón posiblemente) el seguir operacionales durante el tiempo que venía, la transformación digital se ha visto implicada por la necesidad de que las empresas y las escuelas adopten rutinas en línea/remotas, mediante el uso de software de videoconferencia, exponiéndolas a toda clase de amenazas digitales.

Algo que no debemos olvidar es justamente la seguridad, ahora que sabemos que las clases y muchas posiciones laborales continuaremos desde casa unos meses más.

¿Qué no debemos de olvidar?:

1 — Seguridad en todas partes: Lo que hemos visto es que el entorno físico de las empresas no es el único escenario para que las amenazas digitales se hagan realidad. El uso de ordenadores no corporativos con fines comerciales pone en riesgo la gobernanza de TI, ya que no hay garantías de que el usuario doméstico, incluso siendo un profesional de la empresa, tenga su equipo en cumplimiento con las normas de seguridad digital. El trabajo remoto requiere un esfuerzo de ciberseguridad diferenciado que incluya la adopción de soluciones sencillas y escalables, además de la inversión en sensibilización y educación sobre este tema.

2 — Protección de la oficina desde un inicio: Para evitar que múltiples puntos de conexión también sean puntos de vulnerabilidad, la oficina en casa debe integrarse en el conjunto de protección de la empresa. El home office es una extensión de la empresa, así que necesita tener el mismo nivel de protección.

3 — Seguro como un concepto: En este sentido, la seguridad en línea debe impregnar toda la cadena de procesamiento y transferencia de datos, creando un ecosistema de protección robusto compatible con los riesgos inminentes de ataques y fugas.

4 — Los hackers no están en cuarentena: El aumento de los puntos de contacto con las redes corporativas está en concordancia con nuevas campañas de phishing, la identificación de nuevos casos de ransomware y la propagación de malware. La superficie de ataque de los hackers crece a medida que el mundo se vuelve más conectado y nuestro comportamiento se vuelve más digital.

5 — La transformación digital requiere seguridad: Lo que ya era una tendencia se convirtió en un factor de supervivencia. Con los profesionales que trabajan de forma remota, las VPN y el servicio en la nube ya no son una opción para convertirse en herramientas de trabajo que permitan la continuidad del negocio de forma más segura.

6 — Comenzamos la nueva “normalidad”: Difícilmente volveremos completamente al estilo de vida pre-pandémico. Ya sea por los cambios en la economía o por una nueva mentalidad formada por el aislamiento social, así que es cierto, estamos en una nueva era, con un nuevo estado normal de cosas que materializar. La nueva normalidad desafía a las corporaciones, los profesionales y los ciudadanos a entrar en un nuevo ciclo de uso y comprensión de la tecnología en el día a día.

Entre tantas adaptaciones, la relevancia del papel de la seguridad de la información debe repensarse en este preciso momento. La evangelización realizada por los especialistas adquiere nuevas dimensiones cuando la situación exige acciones eficaces e inminentes, como las requeridas durante el aislamiento social.

Aprendemos del aislamiento social que nada mejor que la realidad para hacer públicos los riesgos que todos los profesionales de TI ya conocen. El distanciamiento de las personas demuestra en la práctica que, cuando se trata de la ciberseguridad, la infraestructura de protección es un esfuerzo continuo de preparativos para contener amenazas inminentes que penden en la economía del siglo XXI.