Víctor Hugo Islas Suárez 

Durante toda la pandemia han surgido un sinfín de informaciones, afirmaciones y teorías de la conspiración, apuntando a logros o fracasos de gobiernos y personas, mucha de esa derrama de comunicados deja mucho pensar, sobre todo cuando es dictada por “expertos”, la inteligencia es una virtud, pero creerse inteligente es más fácil que serlo.  

Si intentamos desmenuzar este hecho podríamos decir que; la inteligencia es la capacidad de razonar y de aprender, pero también es nuestra disposición para darle sentido a eso que estamos procesando, es decir, una mezcla de lucidez, lógica, autocontrol, pensamiento analítico, curiosidad y empatía, que siempre va a resultar tendencioso y ajustado a nuestras creencias o a lo que queremos creer. 

La belleza puede fingirse con maquillaje, pero la inteligencia es algo más complicado de aparentar, a no ser, claro, que nos sentemos frente al teclado, con internet a nuestra disposición, y lancemos datos a las redes sociales como si hubiéramos hecho horas extraordinarias de análisis y razonamiento. 

Los dispositivos conectados a internet y las redes sociales nos recuerdan que la inteligencia postiza no es un buen camino, porque sustituimos la experiencia de pensar por lo que el “experto” quiere contarnos, y es así cuando las redes sociales se convierten en una costumbre (o en una adicción) y la pereza nos impide profundizar o leer de forma reflexiva, nuestros hábitos cognitivos van modificándose, dejamos de reflexionar sobre cualquier cosa. 

Y si hablamos de la paradoja de que sabemos usar Google, sentimos que nuestra cultura y nuestra sagacidad crecen exponencialmente; pensémoslo bien, es como si creyéramos que todo lo que circula por la red forma parte de nuestras sinapsis neuronales. 

Está claro que la tecnología nos permite acceder a una biblioteca universal e inabarcable. Pero la triste realidad es que, en una mayoría de casos, nos encierra en cámaras de eco y filtros burbuja, donde escuchamos solo aquello que queremos escuchar, y donde vetamos una alta gama de emociones y de ideas. 

Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas, y unos sacan provecho de los otros, me gusta creer que, a estas alturas, todos tenemos claro que creerse en posesión de una mente privilegiada es una decisión personal, hasta el ser humano más bruto y obtuso puede presumir de sutileza intelectual en el contexto adecuado. ¿Se trata de simple vanidad? ¿O ese orgullo inexplicable tiene una razón psicológica? 

O sea, traducido a nuestra experiencia cotidiana, cultiven la humildad, la inteligencia no es algo que se mida mediante el voto popular, y menos aún a partir de nuestro propio orgullo, al ser más profundo y más despierto se aprende, hasta cierto punto, pero no es algo que podamos valorar sin caer en el autoengaño o incluso en el ridículo, la inteligencia es el más complejo y prodigioso de los dones que recibió nuestra especie, así que no te dejes llevar por supuestos gurús, expertos, especialistas o por una persona que tiene miles de seguidores, el sentido común es una trampa, si nos guiáramos por el sentido común, la tierra seguiría siendo plana. 

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