Inicio Gadgets El Rincón Geek / ¿Gas qué?

El Rincón Geek / ¿Gas qué?

Víctor Hugo Islas Suárez 

¿Alguna vez has estado en una discusión donde terminas pidiendo perdón por algo que ni siquiera hiciste? O peor aún, ¿te han dicho tantas veces que «estás imaginando cosas» que empiezas a revisar tus propios mensajes de texto para convencerte de que no estás perdiendo el juicio?, si la respuesta es sí, es muy probable que hayas tenido un encuentro cercano con el gaslighting.

Aunque el nombre suena a término técnico de psicología moderna, en realidad es algo mucho más cotidiano y, lamentablemente, más común de lo que nos gustaría admitir, en esencia, el gaslighting es una técnica de manipulación donde alguien intenta que dudes de tu propia percepción de la realidad, no es solo una mentira aislada; es un goteo constante de dudas que busca que dejes de confiar en tus ojos, en tus oídos y en tu instinto, lo más curioso y peligroso de este fenómeno es que no empieza con una explosión, nadie llega el primer día de una relación o de un trabajo diciendo: «A partir de hoy, voy a convencerte de que estás loco». El proceso es sutil, casi invisible, comienza con pequeñas frases como «eso nunca pasó», «tienes mala memoria» o el clásico «eres demasiado sensible», “pero ¿yo qué te hice o que te dije? al principio, uno piensa que es un simple malentendido, pero cuando estas frases se repiten día tras día, la semilla de la duda empieza a germinar.

El objetivo final de quien hace gaslighting no siempre es la maldad pura, a veces es simplemente una necesidad desesperada de control o de evadir la responsabilidad, si yo puedo convencerte de que tus recuerdos fallan, entonces yo nunca me equivoqué. sí logro que creas que eres «inestable», entonces tus reclamos pierden validez, es la forma definitiva de ganar una discusión: invalidando al oponente antes de que pueda hablar.

¿Cómo se siente estar del otro lado? Se siente como caminar sobre hielo fino, empiezas a cuestionar cada decisión, te vuelves experto en pedir disculpas por existir y sientes una neblina mental constante, la víctima de gaslighting no suele sentirse atacada, sino confundida, y ahí radica la trampa, cuando dejas de confiar en ti mismo, te vuelves totalmente dependiente de la versión de la realidad que el manipulador te ofrece, compartir esto es importante porque el gaslighting muere cuando se le expone a la luz, no solo ocurre en parejas tóxicas; sucede con jefes que prometen aumentos que luego «nunca mencionaron», o con amigos que te hacen sentir que tus sentimientos son una molestia, entenderlo no es para ir por la vida señalando culpables, sino para recuperar el terreno más sagrado que tenemos, nuestra propia verdad.

Si algo te dolió, te dolió, si viste algo, lo viste, si una situación te parece injusta, probablemente lo sea, la realidad no es algo que alguien más tenga el derecho de editar a su conveniencia, el primer paso para salir de esa neblina es recordar que tu memoria y tus emociones no son un debate público, sino tu brújula interna, a veces, la mejor forma de ganar este «juego» es simplemente dejar de jugar, confiar en tu instinto y rodearte de personas que, en lugar de apagar tu luz, te ayuden a ver las cosas con más claridad.

Es fundamental entender que el gaslighting no siempre es un plan malévolo; muchas veces es un acto inconsciente, hay quienes, por miedo o incapacidad de aceptar sus errores, «reescriben» la realidad para proteger su ego, no buscan destruirte, pero en su afán de no perder, terminan invalidándote, sin embargo, la falta de intención no quita el daño, el impacto es el mismo, una neblina mental que te desconecta de ti mismo, por eso, recuerda, tu realidad no es un debate, no necesitas el permiso de nadie para validar lo que sientes o lo que viste, confiar en tu propia brújula es el único camino para que nadie más vuelva a intentar apagar tu luz.