Víctor Hugo Islas Suárez

Hace 30 años visité por primera vez el río Chontalcoatlán, debajo de las grutas de Cacahuamilpa, es uno de los dos ríos subterráneos que atraviesan por los cerros y son estos ríos los que crearon las grutas, la cavidad del río está formada por rocas calizas de origen marino, formadas hace 85 millones de años, aproximadamente, si tomamos en cuenta que los dinosaurios se extinguieron hace 66 millones de años, esto nos da un parámetro para intentar entender la antigüedad del río y sus cavernas.

Cada año hago esta expedición y cada año es “diferente” he aprendido que el río sufre cambios con cada temporada y hay factores que agudizan estos cambios, en el año 2016 aún existía una basta playa en la caverna llamada agua brava, conocida por la claraboya enorme, una oquedad que permite entrar al sol como lámpara gigantesca que el solo verla me sigue poniendo los pelos de punta.

El río con sus casi 8 kilómetros de longitud ofrece retos en cada paso, desde bajar por la cañada por medio de una escalera que siempre es una aventura, sumergirse por primera vez en sus aguas, (siempre hay opiniones sobre su temperatura) las formaciones rocosas son impresionantes, entre rocas calizas de origen marino también se encuentran betas enormes de mármol, el mismo que ha sido esculpido para formas 2 de sus más reconocidas fosas, mármoles blancos y negros, la luz durante el recorrido es en base a lámparas, hoy en día uso una de 600 lúmenes, pero hace 30 años me toco hacer este recorrido con una de apenas 60, la tecnología ha cambiado mucho, así como el río.

En el 2017 todos recordamos el sismo de septiembre 19, en el 2018, en marzo de manera tradicional volvimos a hacer el recorrido, el cambio fue impactante, de pronto nos vimos caminando 10 metros arriba de donde normalmente pasábamos, la formación llamada “la monumental” se desplomó en más de la mitad de su tamaño, encontramos fosas nuevas, y en algunas otras el nivel del agua bajo, en otra subió, y la playa de agua brava se vio reducida y partida por la mitad por rocas del tamaño de una motocicleta y un par del tamaño de un “bocho”, cada año desde entonces hemos encontrado el río casi en las mismas condiciones.

Este año teníamos la incertidumbre de cómo estaría todo, después de un sismo y el huracán “Otis” teníamos diversas opiniones, sobre el nivel del río, el cauce y sobre todo la playa, no lo había dicho, pero la playa nos es de suma importancia ya que es ahí en donde acampamos cada año para pasar la noche, así pues, encontrarla cambiada nos puede afectar y mucho en la expedición.

Bueno, afortunadamente no tuvimos mayores cambios que reportar, llegamos con bien, después de bajar a la cañada con un poco de problemas por la lluvia (primera vez en 30 años) note que el equipo estaba estresado, lo que provocó que el recorrido lo sintieran más pesado, minimice el tema para no estresarlos más, llegamos a la playa, y nos sentimos contentos de poder descansar y poder comer, calentarnos con la fogata (sí¡, hacemos una fogata en la cueva) y nos dispusimos a relajarnos, así que puse a calentar el agua para mi café, y cuando vi que estaba hirviendo me puse en cuclillas para poder servirme y disfrutar, y justo fue cuando lo sentí, la tierra se movió, observe el agua dentro de la pequeña olla, y sí, se estaba moviendo, escuche una roca caer al río, y esa fue mi comprobación, estaba temblando.

Me quede quieto, sentí que pasó, no tuve tiempo para sentir miedo (aunque lo tuve), más bien me preocupe por los otros 21, me incorporé para ver qué ocurría con el resto del equipo, reaccionar a la situación, vi que todos seguían platicando, preparando su comida, jugando, platicando, riendo, arrojando leña a la fogata, no se dieron cuenta, al día siguiente al salir tuve la corroboración total, sismo magnitud 5.0 s 23 kilómetros de Coyuca de Benítez Gro. 18:01 Hrs.