Gabriela Lazcano

Sabrá Dios qué destino nos espera.

Sabrá Dios cuánto dolor más puede resistir este país que alguna vez fue sinónimo de esperanza, de gente buena, de manos tendidas.

Hoy Veracruz es el reflejo de una nación deshecha: ríos que se llevaron casas, vidas y almas. “Municipios afectados”, dicen con frialdad los comunicados oficiales, como si esas palabras pudieran cubrir el lodo, el hambre o el miedo.

La presidenta Sheinbaum prometió no ocultar nada… y fue lo primero que mandó a hacer. Silencio. Censura. Órdenes. La ayuda no llega, y cuando llega, la detienen. El Ejército, la Marina, todos siguiendo instrucciones de entregar el socorro en bolsas con el sello del gobierno. Como si el sufrimiento tuviera que agradecer al poder antes que al prójimo. Como si la miseria necesitara propaganda.

Hay comunidades enteras desaparecidas del mapa, sin comida, sin agua, sin techo, sin consuelo. Llevan días esperando. Y mientras tanto, el discurso oficial se infla de promesas huecas y de un triunfalismo que insulta.

¡Se sienten ya en el 2027 y andan haciendo campaña y proselitismo, cínicos!

¡La gente se muere y ellos posan para la foto!

Nos dicen que los impuestos subirán para mejorar los servicios médicos. ¿Mejorar qué? Si no hay medicinas, si no hay médicos, si no hay hospitales. Si la salud es una rifa que solo gana la muerte.

Encima de todo, aprueban una ley que les permite vigilarnos en tiempo real. Cualquier ciudadano. Cualquier conversación. Cualquier respiro que ocurra en internet puede ser observado. Ya no hay privacidad. Ya no hay libertad. Perdimos la vergüenza como país el día que permitimos que el poder se burlara de nosotros, y hoy solo nos queda mirar hacia arriba y decir: Sabrá Dios.

El Poder Judicial está rendido. El Legislativo, comprado. Y el ejecutivo —así, con minúsculas— pertenece a una mujer sin arrestos, sin libertad y sin capacidad para gobernar. Un títere que repite sin alma lo que otros dictan. No nos representa. Por supuesto que no. No representa la dignidad, la inteligencia ni la fuerza de las mujeres de México.

Entre el fantasma de Macuspana, los hijos del fantasma, los hijos que crecieron “en la chingada” —que vienen a ser lo mismo— y el vampiro demoledor de Adán Augusto, México pasó de ser un referente a una burla mundial. En apenas siete años nos arrancaron la libertad, la democracia y la igualdad. Nos dejaron los muertos, los desaparecidos y el miedo constante de sabernos vigilados.

Sabrá Dios qué será de nosotros.

Sabrá Dios qué país heredarán los que aún creen.

Sabrá Dios si algún día podremos volver a levantar la voz sin que nos la arrebaten.

Una sugerencia:

No pueden perderse el video donde Trump, con corona, maneja un avión militar sobre los millares de personas que hoy dijeron NO a su gobierno. En medio de tanta tragedia, es increíble observar cómo el hombre más poderoso del mundo también parece ser… el más imbécil.

Y un agradecimiento:

A mi querido lector Joel, que me honra cada semana con su lectura.

¡Mil gracias!