Jesús Corona Osornio

La candidata triunfadora de las elecciones, Claudia Sheinbaum, está por dar a conocer a las ciudadanas y ciudadanos que la acompañaran el periplo de “gobernar”.

La lista de quienes serán los funcionarios, tendrá que aprobarla Andrés Manuel, la señora Sheinbaum hace las consultas pertinentes, no tendrá libertad de elegir.

Quienes apuestan porque ya una vez sentada en la silla presidencial a partir de octubre, la señora romperá con López Obrador, están equivocados y por mucho.

La candidata que triunfó el pasado dos de junio, ni tiene posibilidades ni desea romper con su progenitor político, así de simple.

La señora Claudia, le debe todo al actual presidente, desde que la convocó a su gabinete cuando fuera Jefe de Gobierno, y le confiara los segundos pisos.

Luego cuando el desafuero, Claudia Sheinbaum, estuvo mañana, tarde y noche al lado de Andrés Manuel López Obrador.

En ese entonces Claudia, una eficaz y muy obediente funcionaria, comenzó una intensa cercanía que hasta la fecha es ya casi familiar, en el sentido del trato y la amistad.

Por eso pensar que la futura presidenta vaya a separarse de su jefe, pero, además estará cercada por las y los legisladores de ambas cámaras, que seguirán obedeciendo a AMLO.

La integración del gabinete deberá incluir a personajes muy cercanos a Andrés Manuel, Rosa Icela Rodríguez, Martí Batres, las hermanas Alcalde y otros que deberán ser incluidos.

Deberán cumplirse los acuerdos con Adán Augusto López Hernández, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, para que se hagan de los liderazgos de las cámaras.

Así las cosas, la independencia de Claudia Sheinbaum es mera ilusión, López Obrador seguirá gobernando, desde su rancho o desde la CDMX.

Con la mayoría de los congresos estatales y con 23 gobiernos estatales la señora presidenta, estará cercada por las hordas de su partido, que ella conoce bien.

La señora Sheinbaum, aceptó la tarea, sabedora de lo que le esperaba, realmente ella hará lo que le sea ordenado, para eso fue puesta en el cargo.

Las trampas de una elección de Estado, fraguó un gran fraude, una estafa electoral, voto inducido, el uso de los programas sociales como amenaza, y la intromisión del presidente.

 Realmente no se puede hablar de un triunfo electoral verdadero, transparente, un triunfo que fuera limpio, la que será la primera presidenta de México y América del Norte, llega manchada.

Con las oposiciones prácticamente inocuas, sin una presencia que orille a la negociación, Morena tendrá un día de campo para hacer lo que les venga en gana.

En México los contrapesos que limitaban la presidencia imperial, está habrá de regresar recargada, exaltada y sin piedad para destrozar lo que sea necesario.

La reforma al Poder Judicial, que prácticamente desparecerá a nuestro sistema judicial, dejándonos en la indefensión, el desamparo y ante una dictadura, es imposible de detener.

Nunca es temprano para iniciar las batallas electorales, las oposiciones tendrán para las intermedias del 2027 una gran oportunidad, o la sepultura.

Podría el sistema de pluralidad ideológica desaparecer de no comenzar a trabajar desde ahora, de seguir como hasta ahora con liderazgos corruptos e insensibles a las demandas sociales.

La oscuridad comienza a enfermar a nuestra democracia, a punto de desaparecer las libertades y la pluralidad, es imperativo desde la sociedad civil presionar a los partidos y también deberá encontrar nuevas formas de organización.

Claudia Sheinbaum Pardo, será la primera presidenta de México, aunque en el surrealismo morenista, en realidad vaya a ser la vice-presidenta, la regenta o la virreina. Hasta la próxima.