Jesús Corona Osornio
La mañanera como se le conoce a la rueda de prensa del ciudadano presidente, y el cual debiera ser, un ejercicio de información, se ha vuelto un circo, una farsa para que el jefe del Ejecutivo, difame, calumnie y amenace a quienes difieren de su visión de la realidad.
El Señor presidente, en reiteradas ocasiones ha insultado al gremio periodístico y lo ha descalificado.
Agrede a los periodistas que solo hacen su trabajo, preguntar, incomodar al poder, requerir información veraz, y solo reciben arbitrariedad y denuestos a sus medios.
Se siente en la actitud del Primer Mandatario Mexicano, rencor, sed de venganza, enojo; es como en las dictaduras, solo hay una visión y esa es la del poder.
Andrés Manuel, enfrenta a los medios, como si estos fueran sus rivales, sus enemigos, no tiene reparo en atacarlos.
Cuando un reportero, un medio le conmina a dar una repuesta por tal o cual acontecimiento, responde con consignas, insultos, ira y no acepta cuestionamiento alguno.
Algunos periodistas valientes que conocen el sentido de su profesión lo han cuestionado, como respuesta, la descalificación: “no eres ético, así como tú, -subraya el Señor de Palacio- yo también tengo derecho a disentir.”
Su consabida consigna: “no somos iguales, ya no es lo mismo que antes”, ya no le alcanza para negar la realidad que poco a poco lo calcina.
Su risa cínica, su actitud desvergonzada ante las tragedias, sus respuestas sin sentido, el país imaginario del que habla.
Es grave lo que sucede a nuestro señor presidente, inaugura un vagón de tren y saluda y agradece a un imaginario grupo de trabajadores.
Cuando lo han cuestionado por la corrupción del fracasado Banco del Bienestar, como lo hiciere la reportera Judith Sánchez Reyes, de inmediato niega todo, se desubica, se enfada y responde con su discurso repetitivo y carente de solidez.
López Obrador, se mantiene en su guion, no lo modifica, aunque la realidad lo golpeé en la cara, en sus pensamientos, ensimismado en su propia figura, imaginando los mármoles y los bronces.
Andrés Manuel, se contempla, se visualiza así mismo como el gran salvador de la patria, nada más lejos de la realidad.
El mandatario, que una y otra vez a dicho que cuida la investidura presidencial, a querer o no, es el primero en volverla añicos, la ha vuelto carne de circo.
De manera más seguida, cierra el guiñol con música, melodías que suenan a burla, en un país agobiado por las muertes derivadas de la violencia.
La austeridad mata a tantos ciudadanos que requieren los servicios públicos de salud, carentes de medicinas, y mil cosas más, su salida más fácil: “es lo que recibimos del pasado.”
López Obrador ha vuelto a las mañaneras en la nave de los locos, conviven actores de vodevil, con periodistas serios, verdaderos profesionales.
En otro tema.
Descanse en Paz Porfirio Muñoz Ledo, gran constitucionalista, impulsor de la democracia, generador de diálogos y consensos.
El presidente le rinde homenaje, con la pretensión de desaparecer al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, (INAI) del que fuera artífice y parte fundamental. Hasta la próxima.














