Jesús Corona Osornio 

Sin dudas el señor López se forjó durante dieciocho años para ser un autócrata con visos de dictador. Del populismo mitómano, pasó a convertirse en un despiadado gobernante capaz de destrozar la economía del país y de los mexicanos, en su mira las clases medias, desparecerlas y convertirlas en los nuevos pobres. Confrontado con un gran número de sectores sociales que no apoyan su vulgares ambiciones, convertido en un energúmeno, desafiante y vengativo, incapaz de sentir el dolor de los desaparecidos, de los niños con cáncer, de los enfermos en los hospitales, ha preferido aumentar el gasto miliar, que aplicar esos recursos en la salud pública y en la educación, educación que hoy pretende desaparecer, para implementar su ideología, una falsa austeridad y una nula lucha en contra de la corrupción que practican con singular alegría muchos de los funcionarios de su desgobierno. 

Su terco empeño en hacer funcional un aeropuerto completamente inútil, mal planeado y peligroso, un tren que destruye la selva y sus ecosistemas y todo lo que conlleva, una refinería cuyo gasto ha crecido casi tres veces más de lo inicialmente presupuestado. 

El abuso en el uso de las fuerzas armadas para asignarles tareas que legalmente solo debieran ser para los civiles. 

Su política pública de los abrazos y no los balazos ha incrementado las muertes dolosas y la fatiga de la tropa que obedece, pero sin convicción, la guardia nacional no ha servido para contener al crimen organizado en sus diversas variantes, por el contrario, cada día incrementan su presencia y su violencia a niveles que van más allá del horror. 

López utiliza el presupuesto a su antojo, a su libre albedrío, las leyes le importan un bledo. 

El gabinete ha demostrado un día sí y otro también que no son aptos para los cargos que ocupan, es la confianza y no los conocimientos lo que priva, una caterva de gobernadores salidos de su “partido” imitadores de sus formas e ineficientes, Morelos, Veracruz y Puebla cuyos gobiernos rebasan el escándalo y toda lógica. 

López gobierna sin contrapesos, amenaza, exhibe, ataca a quienes osan criticarlo, a quienes señalan sus yerros que se acumulan hasta convertirse en delitos, sin que nadie haga nada por detener tal barbarie. 

El Sistema de Administración Tributaria, (SAT), y la Unidad de Inteligencia Financiera, (UIF), son usadas como instrumento de amenaza y castigo, las cosas deben hacerse a su antojo, aunque sean meras ocurrencias, que de inmediato tienen un alto costo para la sociedad. 

López lleva al cabo sus planes con precisión quirúrgica y en los tiempos que se ha fijado para alcanzar sus metas. Sin que nadie le plante cara, sin obstáculos. 

El gobierno de López da miedo, no hay confianza internacional, no quieren invertir en México ante la falta de certezas jurídicas, ante la ausencia de reglas, aquí todo es ideológico y ceñido a los caprichos del habitante de palacio. 

López, no confía en nadie, ordena se vigilen los unos con los otros en su gabinete. 

En nuestro país la separación de poderes es un mito, ni el Senado, ni la Cámara de Diputados gozan de cabal autonomía. Morena usa su mayoría para satisfacer las nefastas órdenes de su jefe, de su líder. La Fiscalía General de la República es un mero apéndice y que además es utilizada por su titular para saciar las venganzas personales.  

Alejandro Gertz Manero vive atrapado en los siglos anteriores, su edad no le permite entender que hoy son otros tiempos. 

México se deshace en el ácido del odio, la división, el rencor social, provocado por un ser perverso, sin empatía y sin respeto así mismo.  

Hasta la próxima.