Jesús Corona Osornio

Marko Antonio Cortés Mendoza, Presiente del Comité Nacional del PAN, quedó lejos muy lejos de quienes lo han precedido en ese cargo.

Dolorosamente será recordado como el peor dirigente del panismo de épocas recientes, poco concertador, un político mediocre, sin resultados.

Marko Cortés, hoy enfrenta una rebelión de la que no podrá salvarse, lo único que le queda es la diputación que se auto asignó.

Es cierto que nadie en las oposiciones esperaba el resultado que dejan las elecciones, no sólo en la candidatura a la presidencia, no esperaban la debacle total.

Jesús Zambrano, Jesús Ortega y demás chuchos, hoy no tienen nada, salvo el recuerdo de lo que pudieron ser, y no fueron.

Alejandro Moreno Cárdenas, el conocido Alito, nadie sabe que festeja, por qué de tanta dicha, su partido, es probable, qué, en las intermedias del 2027, vaya a desaparecer.

Los partidos que integraron el Frente Fuerza y Corazón por México, poco hicieron en una campaña que se antojaba muy desigual, la cantidad de recursos federales, fueron insultantes.

Los partidos no siempre apoyaron a su candidata presidencial de manera adecuada, pero tampoco lo hicieron con sus candidaturas, a muchas las dejaron solas.

Las dirigencias jugaron a tratar de retener lo que tenían y se mostraron poco competitivas, se confiaron en las encuestas que les daban triunfos al por mayor.

En las cabezas a cargo de los partidos, las RRSS y la Marea Rosa eran la prueba del voto de castigo, no fueron capaces de ver más allá de sus propias narices.

Embelesados con ellos mismos, Alito, Markito y Chuchito dormían como si no tuvieran enfrente a un rival del tamaño de AMLO.

Entre los insultos que le propinaban al presidente, las descalificaciones clasistas, el creer que sus liderazgos eran la panacea, y valieron una pura y dos con sal.

Hoy, como nunca, los partidos están obligados a una profunda reflexión, a analizar la realidad concreta, reconocer errores y reagrupar a la sociedad que no es morenista.

Urgen liderazgos en la sociedad civil, capaces de ser quienes acompañen a la sociedad, que no pretendan imponer y que sepan escuchar.

Uno de los mensajes más potentes que dejan estas elecciones es el que se refiere a hacer a un lado al clasismo denigrante, al aislamiento de clase.

La incapacidad de las oposiciones no sólo se queda en no saber escuchar, pasa por una soberbia brutal que se volvió ceguera.

Pero la sociedad civil tampoco está exenta de errores, de garrafales errores, muchos sectores de la sociedad civil, se quedaron en las burbujas, hablar entre ellos y sólo en RRSS.

Para muchos la Marea Rosa, se tornó en turismo social, en mero encuentro entre iguales, y luego se volvieron a encapsular y a dialogar con ellos mismos.

Estás elecciones deben darnos múltiples lecturas y sobre todo enseñanzas, no será fácil, nada fácil arrancarle curules y poder a los de Morena con Claudia Sheinbaum a la cabeza.

No tendrán los partidos, ni la sociedad un día de campo, luchar en contra del poder no es tarea fácil, los morenistas en un sexenio, casi desparecen a la oposición.

Obviamente el poder no lo van a soltar sólo porque sí, las batallas serán durísimas, cruentas, se vivirán traiciones, chapulineos, y demás linduras humanas, pero también habrá ciudadanía entregada, honesta y con profundo amor por México.

Una sociedad vigilante y demandante, serán los muros que contendrán el impulso totalitarista, dictatorial.

La mayoría desmedida de Morena, es el arma que los desaparecerá.

Marcelo Ebrard ya construye su partido. Hasta la próxima.