La vacunación continúa, pero dicha estrategia ha resultado problemática fundamentalmente por el aspecto político que se esconde detrás. Eso se debe a que estamos en la víspera de una jornada electoral más que decisiva y cualquier gesto cuenta (por mínimo que sea).
El plan de inoculación se va ampliando y hace un par de semanas le tocó al personal docente. Así la Ciudad de México, una entidad que por sus características demográficas fue de las más golpeadas por la pandemia en el mundo, volverá a clases el próximo lunes 7 de junio pese al COVID-19.
La oración se torna peligrosa con el “pese” que la completa. Se ha comunicado que las hospitalizaciones disminuyen y sin duda es un signo positivo, pero no para echar campanas al vuelo tan pronto.
El presidente de la República, al anunciar la medida con bombo y platillo el viernes pasado, aclaró que el regreso a clases presenciales será voluntario: “no es para pelearnos”. Sin embargo, las autoridades parecen no entender que la propagación del virus no es una cuestión opcional: también aquellas personas que decidan continuar con las clases a distancia pueden contagiarse si la reapertura de esta actividad da lugar a un rebrote del virus.
El asunto preocupa por dos razones. La primera tiene que ver con los niños y jóvenes en edad escolar. El plan de vacunación no los ha contemplado ni siquiera por el hecho de que podrían contagiarse y desarrollar “COVID prolongado” (cuyas afectaciones a largo plazo desconocemos), o bien contagiar a personas cercanas que aún no han sido inmunizadas o que presentan comorbilidades.
La segunda está relacionada con la premura de la decisión. ¿Por qué la prisa de volver a clases, a un mes de que se termine el ciclo escolar, si todavía existen riesgos de que se fortalezca la pandemia? La muestra ahí está en Campeche: los primeros en tener semáforo en verde… y que volvieron a suspender clases, por el incremento de contagios.
Las autoridades de salud y los integrantes del sector educativo deben esforzarse mucho para evitar que esto sea una bomba de tiempo; ahora es el momento de ser pacientes y cautos ante el llamado a regresar a clases, no cuando la situación vuelva a ser incontrolable.