En el continuo azar de los desdenes presidenciales, hace más o menos dos meses el primer mandatario hizo gala de su ingenio para poner en el radar una combinación de vocablos que, pronunciada por él, revela una gran carga ideológica y hasta de ánimos incendiarios: “la clase media aspiracionista”.
En la Antigüedad, los griegos discutían si el “deseo de tener más” era o no una condición natural del ser humano. De esta forma, identificaron un concepto filosófico al cual le asignaron una bella y misteriosa palabra: pleonexía. “El deseo insaciable de poseer lo que legítimamente pertenece a otros”.
Con el paso del tiempo el término se vio tocado por cuestiones espirituales (las cuales castigan el egoísmo y la ambición material), pero conservó su sentido “original”. La pleonexía, entonces, contiene un elemento moral, pues hay una injusticia en tomar lo que le corresponde a los demás.
En este respecto, parece que el gobierno de México busca construir una narrativa donde aquél que aspira a mejorar su condición de vida en realidad comete una inmoralidad: el peccātum de desear poseer, a toda costa, algo que no es suyo.
Valiéndose de esta idea, los líderes de Morena atacan sin reparos a los mexicanos que se identifican como clase media. En 2018, en la euforia por ganar la contienda electoral, la 4T agradeció infinitamente los votos aspiracionistas. Este 2021, luego de los resultados poco favorecedores en las intermedias, la clase media es descalificada por una supuesta ambición desmedida.
Causa extrañeza la forma en que se hace referencia al sector de la población que cuestiona los supuestos resultados del régimen: los que “se dejan manipular” por los medios neoliberales y son difíciles de convencer porque “no quieren ver las mañaneras”. Por ejemplo, la semana pasada el presidente dijo que existen “ciertos sectores de clase media que, aunque los estén explotando, aunque los estén robando, están en contra de nosotros. Es una especie de masoquismo…”.
Estas palabras hacen pensar en el Napoleón de George Orwell, cuando, años después de que fuera consumada “la Rebelión”, les dice a los demás animales que “la verdadera felicidad radica en trabajar duro y vivir frugalmente”, para que no se den cuenta de que viven sometidos por aquellos que prometieron liberarlos.
Los que ostentan el poder no quieren darse cuenta de que, propaganda aparte, sus expresiones impactan negativamente en la ciudadanía, la cual ya tiene suficientes complicaciones al intentar salir adelante en medio de tantos problemas nacionales.
No debemos olvidarlo: todos los mexicanos somos iguales. Ninguno es “más igual que otros”.













