Enrique Escobedo
Muchos políticos y analistas, al menos desde el sexenio del presidente Miguel Alemán (1940-1946) han visto a los regentes capitalinos o jefes de gobierno como serios aspirantes a la presidencia de la República. Propongo esa fecha convencionalmente, pues el entonces jefe del Departamento del Distrito Federal (DDF) Fernando Casas Alemán hizo todo cuanto estuvo a su alcance a fin de ser el candidato a la silla presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Desde entonces sonaron los nombres de Ernesto P. Uruchurtu, Alfonso Corona del Rosal, Ramón Aguirre y Manuel Camacho. Ninguno alcanzó la codiciada candidatura por múltiples circunstancias.
Al respecto, en lo general, es posible citar cuatro argumentos. El primero es que, al no ser secretarios de Estado, no tenían delegados federales en las entidades federativas y por lo mismo les era muy difícil interactuar con los gobernadores, hacer alianzas con grupos de presión y sindicatos locales y nadie los conocía más allá del Valle de México y algunos municipios mexiquenses. En segundo lugar eran, en efecto, parte del gabinete de la Administración Pública Federal, pero no les era tan fácil hacer alianzas con los titulares de las dependencias y entidades paraestatales debido a que sus competidores eran, entre otros, los secretarios de Gobernación, de la Presidencia, de Hacienda, del Trabajo y de Desarrollo Social. Léase, personajes de la vida política nacional con presupuestos ampliados debido a sus funciones no escritas. Un tercer argumento es que el cargo de jefe de Departamento estaba constreñido por la entonces Ley de Secretarías de Estado y Departamentos Administrativos en que estos últimos tenía acotados en el papel sus funciones a no realizar actividades políticas. Finalmente, en cuarto lugar, cabe destacar que los regentes tenían serios problemas de lo que hoy denominamos de gobernabilidad, por lo que el desgaste de su imagen y de ser funcionario eficaz ante los capitalinos era muy cuestionado. No obstante que muchos de ellos tuvieron en su equipo a colaboradores competentes y eficaces manipuladores en el manejo de la prensa.
Con la democratización de la vida capitalina, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) también intentó utilizar la plataforma capitalina y ser presidente de la República, mas tampoco lo logró. Su sucesor Andrés Manuel López Obrador también quiso proyectarse desde la ciudad de México y ser titular del poder Ejecutivo Federal y tampoco le alcanzó (su triunfo fue después de 12 años de campaña y militar en tres partidos políticos). Otros dos personajes que lo intentaron fueron Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera. Sin embargo, se quedaron en la orilla como muchos de los regentes que los antecedieron.
Ahora la señora Claudia Sheinbaum también anhela ser candidata de su partido Morena y llegar a la primera magistratura del país. Empero se observa que sus relaciones con los gobernadores son lejanas, no la conocen fuera de la Zona Metropolitana del Valle de México, se comporta como los regentes de la época priista: subalterna del presidente de la República y hace lo que se le ordena sin mayores márgenes de maniobrabilidad. Se ha desgastado con otros secretarios de Estado debido a las yuxtaposiciones de funciones o zonas grises de lo que le corresponde a la federación y lo que le concierne al gobierno capitalino en la territorialidad capitalina. Además, ha demostrado ser poco sensible ante los problemas del metro, en seguridad pública y desempleo.
Tal vez, efectivamente, sea la candidata de su partido y gane. Pero tiene demasiados obstáculos enfrente. Lo que más le conviene a ella es ocupar una cartera federal, ya sea en la secretaria de Bienestar o la de Medio Ambiente. Desde allá se amplían sus posibilidades y su desgaste en la ciudad de México se suavice. Pero esa decisión es exclusiva de su jefe. Es claro que ella perdió el poniente de la ciudad de México y una de las explicaciones es que su labor ha dejado mucho que desear y ha demostrado ser errática en algunas decisiones en favor de sus gobernados.
De quedarse en su cargo actual y ser la abanderada de Morena a fin de ser la candidata a la Presidencia, le auguro una campaña política cuesta arriba, pues ya tiene una imagen desgastada, ya demostró no tener un equipo de gestión eficaz, no saber de Administración pública y, por si fuera poco, tendrá que realizar varias “operaciones cicatriz” y demostrar que posee ideas propias respecto a la Teoría del Estado y que es capaz de reconciliar intereses.
Ya ha recibido “espaldarazos” de su jefe, tales como levantarle la mano en sus giras capitalinas, invitarla a sesiones de las conferencias mañaneras y se le trata de fortalecer con la designación de Martí Batres a fin de que fortalezca sus relaciones con las bases de Morena. Pero concluyo, a la señora Sheinbaum no le será fácil competir desde la Ciudad de México.















