La historia y la política modernas deben mucho de su complejidad a un hecho que es a todas luces polémico: el espionaje. La magnitud que alcanza este acto es apenas comparable con lo que se llega a leer en las novelas o a mostrar en las series de televisión. Una vez más, la realidad supera la ficción. 

Se dice que los sujetos espiados participan en tramas que ponen en peligro la seguridad o estabilidad de uno o más territorios y por eso “merecen” ser rastreados. Por otra parte, también es sabido que determinados grupos incómodos para ciertos regímenes son vigilados, por cualquier medio, con tal de tenerlos a raya.  

En 2017 la revelación pública de Pegasus (ese software maligno, tocayo del caballo alado, que interviene teléfonos, permite extraer mensajes de texto, correos electrónicos y fotografías, además de poder activar en secreto la cámara y micrófono de los celulares), hizo eco en México porque los blancos del espionaje pertenecían a un sector altamente vulnerable en nuestro país: el de los periodistas. Muchas dudas quedaron en el aire en ese momento, pero su nombre sugería una conexión mitológica cercana a la advertencia. 

Sin embargo, apenas el mes pasado, Pegasus volvió al centro de la discusión política. Una investigación realizada por 17 medios internacionales reveló, entre muchas otras cosas, que al menos 50 personas del círculo cercano del presidente López Obrador (incluyendo a su esposa, hijos, cardiólogo, miembros de su gabinete y la hoy jefa de Gobierno) habían sido intervenidas.  

Ante tal noticia, el presidente manifestó dos cosas: que no denunciaría el espionaje que sufrió y que su administración no lleva a cabo tales prácticas, además de insistir en que cancelaría esos contratos si es que aún existían. 

NSO Group, la empresa israelí desarrolladora de este malware, acumula casos de espionaje a políticos, periodistas, y defensores de derechos humanos en al menos 45 países del mundo. Incluso Amnistía Internacional ha pedido al gobierno de Israel que revoque a la compañía las licencias de exportación. 

Ya que Israel está presionado a responder por NSO Group, es posible que se tensen algunos hilos, sobre todo si se considera que Israel ha aletargado el proceso de extradición de Tomás Zerón (uno de los principales presuntos responsables del caso Ayotzinapa). 

A pesar de que simbolizaba la libertad y la sabiduría, y aunque pudiera domarse, el Pegaso de Zeus tenía un rasgo impredecible: podía derribar al jinete que, confiado, cree poseer los más altos valores.      

Parece que este nuevo Pegasus apenas está mostrando su cara oculta, ¿hará que más de uno caiga y se aleje de sus anhelados Olimpos?