Enrique Escobedo  

En la vida, así como en la política y la administración pública existe una vieja fórmula de alguna manera sencilla y de otra compleja. Se trata de hacer correctamente lo correcto. Lo cual es bastante elemental y parece una receta de las abuelas. Entonces ¿por qué es tan difícil? sobre todo en el arte de gobernar. Son muchas las explicaciones. Si empezamos por Aristóteles nos damos cuenta de que en su preocupación por estudiar los regímenes de gobierno sostiene que existen, al menos seis. Tres modelos puros y tres impuros; argumenta que se debe a dos criterios el numero de gobernantes y sus intenciones de gobernar en su beneficio o en favor de los habitantes de la ciudad. De ahí que los puros son la monarquía o gobierno de una sola persona, la aristocracia o gobierno de los mejores y pocos y republica o gobierno de muchos. Por el otro lado encontramos las tres formas corruptas: la oligarquía, la tiranía y la demagogia. Por supuesto que el macedonio explica que esas formas de gobierno usualmente se mezclan y difícilmente se les encontrará de manera pura. 

La introducción de arriba la traigo al siglo XXI debido a que nuestra Constitución señala en su artículo 40 que somos una República representativa, democrática, laica y federal. Por lo tanto, soberanamente el pueblo de México ya definimos lo que es lo correcto. Ahora se trata de hacer correctamente lo estipulado por nuestra Carta Magna y ahí está el detalle. Ni gobernantes, ni gobernados hacemos lo que nos corresponde en materia de derechos y deberes. El gobierno actual, en materia de política interior, no es respetuoso de la división de poderes, tampoco respeta a los estados libres y soberanos. Pacta con algunas iglesias y margina otras, está confrontado con algunos sectores de la prensa crítica, es poco proclive a llegar a acuerdos con los partidos políticos de oposición, falla en materia de seguridad pública y divide a los mexicanos maniqueamente. Por lo que respecta a la política exterior se apega a la Constitución, pero hasta donde se sabe, se han tensionado las relaciones con los vecinos del norte. En materia de política económica la inflación, más allá del Índice Nacional de Precios al Consumidor o canasta básica se ha desbordado, la inversión extranjera directa ha disminuido, así como la nacional. El Banco de México se ha confrontado con algunas decisiones de la Secretaría de Hacienda y hay que reconocer que la relación peso-dólar se ha sostenido. Por lo que respecta a la infraestructura se ven magros avances, sobre todo en comunicaciones y transportes, ya que la prioridad son el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el tren Maya. Pero pocos avances en presas, energías limpias y mantenimiento de lo construido. Finalmente, en materia de política social se ha rezagado, en parte por la pandemia y en parte por cuestionables decisiones, en materia de alimentación, salud, educación, cultura, ciencia y tecnología, trabajo, vivienda y ecología. Es más, en número de pobres ha crecido.  

Por lo que respecta a nosotros, la sociedad, tampoco estamos haciendo lo correcto, sobre todo en materia de salud pública. Las razones pueden explicarse, pero no justifican la frivolidad de descuidar el uso de cubre bocas y mantener la sana distancia. Mucho menos negarse a ser vacunados. El número de infectados nos habla de personas irresponsables que, entre su ignorancia y prejuicios científicos y políticos, están causando mermas en inocentes.  

Hacer correctamente lo correcto no es tan fácil, pues observo negligencia de las partes y actitudes revanchistas y contestatarias que no conducen necesariamente a buen fin. El pacto social ya definió que es lo correcto, el debate está en la forma o medio de alcanzarlo. Pero la actual administración está obnubilada y empecinada en que sabe que es lo correcto y la manera de hacerlo. Lo cual, por lo arriba escrito, demuestra que no desea escuchar nuevas opciones y buscar otros caminos. Ya raya en la necedad y, por lo arriba escrito vemos que es una gestión ineficaz, ineficiente y poco orientada a resultados. En pocas palabras, es un mal gobierno.  Por su parte, los ciudadanos debemos ser más autocríticos y pedir amablemente a la gente que va por la calle sin cubre bocas que se lo ponga. Nos corresponde explicarles a los familiares que se niegan a vacunarse que los vamos a marginar por motivos de salud propia. Sociedad y gobierno debemos hacer un esfuerzo común, porque lo que está enfrente es un enemigo del futuro próspero. Esa unidad es, de entrada, hacer correctamente lo correcto. No obstante, el señor Hugo López-Gatell.