Mucho se dice en torno a la petición de López Obrador a los criminales, para que permitan la venta de combustible al ejército y policías en Nuevo Laredo, Tamaulipas; algunos la califican de ingenua, otros de burla y unos más simplemente de circunstancial.

El fondo está en que el presidente podría prometerles amnistía, dejarlos “trabajar” libremente, que el ejército y policías no los van a perseguir en sus ilícitas actividades y que podrán producir, transportar y comercializar libremente drogas, secuestrar o cobrar derecho de piso impunemente.

Es decir, podría López Obrador formular a los criminales que habrá total impunidad para que hagan lo que hagan y hasta ofrecerles becas al doble, de siete mil pesos para que lo dejen.

Pero, de todos modos, seguirá viva la guerra entre delincuentes por controlar producción y rutas criminales, la disputa por la extorsión y los secuestros, el asalto a camiones repartidores y el trasiego de personas, y es que no sólo se trata de que los persiga o no una autoridad cada vez más disminuida y sin mando. Está el negocio multimillonario del crimen.

Ese es el fondo de la violencia por eso aquellos “que se maten entre ellos”.

Y los dineros que están en juego, no son pesos por cabeza, son miles, millones de dólares que obtienen los grupos criminales por pasar droga a Estados Unidos o traer armas de allá; están los secuestros, el control de rutas, de asaltos, robos, extorsión a personas e instituciones y el mantenimiento de auténticos ejércitos que se enfrentan lo mismo a policías que a militares.

Peor todavía será si se le da impunidad a cambio de gasolina. Imaginemos que se haga un acuerdo semejante en vez de restablecer el orden con la fuerza a que tiene derecho y obligación el Estado mexicano.

No sólo tendremos ínsulas independientes de poder en manos del grupo delincuencial más fuerte, sino que, a cambio de ello, se nos vendría un sojuzgamiento de comunidades enteras que dependerían de narcogobiernos.

Sería también un reclamo desde el otro lado de la frontera por permitir el libre tránsito ilegal de drogas y personas; sería volver lícito lo que está prohibido por la ley, y las matazones entre criminales no se terminarían; se harían más encarnizadas.

Por sus mamacitas, le dijo AMLO, seguramente los criminales han de estar llorando por ese llamado, pero ¡de risa!

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