Existe una característica que se ha convertido en el rasgo dominante de nuestra vida política: La polarización.

Cada día, parece más difícil lograr distinguir con claridad qué tan dividido está nuestro país y cuál es el motivo preciso detrás de este fenómeno.

Algunas señales, apuntarían al partidismo como el culpable, la militancia como piedra angular de la polarización.

En un mundo perfectamente racional, los ciudadanos evaluarían qué partidos políticos representan mejor sus valores e intereses. Pondrían las distintas propuestas en una balanza para decidir cuál de todas las opciones apoyar provisionalmente. Si los intereses o las situaciones particulares de un individuo cambiaran, entonces también lo haría su afiliación partidista.

Pero esto no sucede en la vida real, todo lo contrario. La mayoría de la gente o hereda sus preferencias ideológicas o bien, forman un vínculo con algún partido político durante los primeros años de la vida adulta… Muy pocos cambian de partido una vez que han llegado a los 45 años.

Desde hace más de una década, diversos teóricos de las ciencias sociales, han señalado que la gente no elige a los partidos políticos comparando sus plataformas para definir cuál se acerca más a las necesidades nacionales: los lazos que se crean entre una persona y un partido, se asemejan más a los que existen hacia una denominación religiosa, un equipo deportivo o un grupo social.

A lo largo de nuestra vida, todos vamos formando estereotipos acerca de cómo son los conservadores, los liberales, los neoliberales y los comunistas. De esta manera, gravitamos hacia el grupo que está conformado por las personas que consideramos más parecidas a nosotros.

Una vez que esa afiliación está consumada, la gente comienza a ser más flexible con su filosofía y sus valores, alineándose cada vez más con los miembros de su tribu política.

El partidismo también puede llegar a moldear la percepción de la realidad. Un militante, filtra los hechos que son inconsistentes con la visión del mundo aprobada por su partido y exagera aquellos que la confirman. La forma en que las personas leen su entorno, puede estar descaradamente sesgada por sus tendencias partidistas.

Es como si la política se tratara de un asunto primordialmente tribal. Los individuos se congregan en comunidades políticas y hacen suya una cosmovisión unilateral. Esto sugeriría que la polarización es el resultado de una serie de profundas fuerzas sociales y psicológicas.

Tal vez, estas teorías no sirvan para dilucidar plenamente las causas que existen detrás de la división política y social que vivimos en México. Pero tristemente, la idea de un partidismo tribal e irracional, coincide con la realidad que vemos a nuestro alrededor todos los días.