En 1992 (el cenit del neoliberalismo según el canon de la 4T) se creó el Fideicomiso Aduanas 1. Después de cuatro años consecutivos en los que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) “identificó graves anomalías”, este fideicomiso fue finiquitado de forma “sigilosa” por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. 

Las citas, así como el epígrafe de este artículo, provienen del libro “Rendición de Cuentas y Fideicomisos: El Reto de la Opacidad Financiera” escrito por la hoy secretaria de la Función Pública y publicado en el 2007 por la Auditoría Superior. 

En uno de los capítulos de esta obra, la Dra. Irma Eréndira narra cómo la desaparición del Fideicomiso Aduanas 1, da pie al Fideicomiso Público para Administrar la Contraprestación del Artículo 16 de la Ley Aduanera (FACLA) que, señala la autora, “desafortunadamente tampoco se caracteriza por su operación transparente.” 

En otro texto más reciente, la secretaria Irma Eréndira explica que: “Durante el neoliberalismo, los fideicomisos fueron en el mejor de los casos parches, y en realidad continuación de la rapiña a través de hoyos negros”, “los fideicomisos se multiplicaron como hongos y operaban sin control.” 

Por eso, celebra la Doctora, con la extinción de los 109 fondos y fideicomisos públicos que está por concretar el Senado y que juntos concentran poco más de 68 mil millones de pesos: “el presidente Andrés Manuel López Obrador ha cerrado una etapa histórica de discrecionalidad y oprobio en el manejo de los recursos públicos.” 

La secretaria Sandoval lo describe con mucha claridad: “Una de las vías más socorridas por el viejo régimen neoliberal para darle la vuelta a los estrictos controles sobre el gasto público fue la multiplicación de fideicomisos sin estructura orgánica.” 

Tal es el caso del FACLA, un fideicomiso sin estructura orgánica que, al mes de junio de este año, tenía más de 70 mil millones de pesos (2 mil millones más que todos los 109 extintos). 

En diversos informes la Auditoría Superior de la Federación ha señalado al FACLA por tener “recursos excesivos” que son ejercidos con discrecionalidad por el SAT “como un presupuesto paralelo”.  

¿Por qué, si la propia titular de la Secretaría de la Función Pública ha hablado de su opacidad, este fideicomiso no figura entre los desaparecidos? ¿Qué cambió?  

Por más que insistan, cada vez cuesta más trabajo ver la diferencia. O, ¿será que nada hay verdad ni mentira: la opacidad es según el color del cristal con que se mira? 

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