A menudo una pregunta se nos pone de frente y, casi siempre, nos agarra desprevenidos, haciendo que no podamos responder o que lo hagamos con dificultad, con relatos incluidos. ¿De dónde venimos?, ¿Cuál es el origen de esto que, por costumbre, llamamos nación? 

Apenas la semana pasada el presidente de Argentina, Alberto Fernández, tuvo un exabrupto por el que luego se disculpó. A su modo de ver, quería citar al poeta Octavio Paz que en alguna ocasión escribió: “Los mexicanos descienden de los aztecas; los peruanos, de los incas, y los argentinos, de los barcos” para referirse a los orígenes de los pueblos americanos.  

En un afán de agradar a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, Fernández aventuró que se sentía “europeísta”. La frase que excretó a continuación fue: “Los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos, y eran barcos que venían de Europa, y así construimos nuestra sociedad.” 

Las palabras que el mandatario argentino intentó atribuir al Nobel mexicano, pertenecen a la canción Llegamos de los barcos de Litto Nebbia, que sí contiene lo que citó Fernández (parece que referir a cantantes en intervenciones públicas es una costumbre que va en crecimiento). 

Sin embargo, las declaraciones del presidente argentino revelan una idea más que arraigada en varias partes de nuestro continente. Tiene que ver con la adulación o extrema admiración por lo europeo (“el viejo continente”) en una aparente invisibilización de las culturas y civilizaciones precolombinas. Parece que sólo hay de dos: o se viene de los indios y las selvas (lo antiguo, lo exótico) o vienes de otro lejano continente (la “verdadera” civilización). 

La reproducción de esas ideas evidencia el clasismo de nuestra época y, por defecto, lleva a la discriminación: ¿si no se cumplen ciertos rasgos no se puede asumir una identidad nacional?, ¿es mejor descender de un barco que de alguna antigua civilización mesoamericana?, ¿vale más ser un marinero tabernario que tener un linaje vernáculo? Es contraproducente seguir pensando en esos parámetros, peor si quien los expone es un primer mandatario en conferencias internacionales. 

Nuestras sociedades son heterogéneas, la diversidad es lo que nos define. Es algo que debe entenderse aquí y en Argentina, de México a la Patagonia.