Hace tres años comenzó un nuevo periodo presidencial que representaba la alternancia propia de la democracia. Desde entonces, la tinta ha corrido para testimoniar los eventos o declaraciones que definen el estilo del actual mandatario, y que no serán difíciles de olvidar, por lamentables que resulten.
Desde antes de los resultados electorales de 2018, se anunciaban las alineaciones del gabinete de lo que ellos denominaron una nueva transformación. Faltaba constatar la profundidad y la voluntad verdadera del cambio, la consistencia con que se manejaría este mote tan ostentoso.
Está de más recordar que aquello solamente ha ido quedando en promesas, que se ha avanzado poco en lo que se refiere a un cambio sustancial en la situación interna y externa del país. Muchos miembros del gabinete han ido encontrando que los designios presidenciales no coinciden con sus ideas o con sus posicionamientos iniciales, por lo que terminan por dejar el cargo.
Si ese es el estado que guarda la transformación, ni qué decir de la cuestión sanitaria. La pandemia vino a recordarnos la fragilidad de nuestro sistema de salud. Por si fuera poco, entre tantos vaivenes y desaires, hace algunas semanas estalló una situación que se veía venir desde hace más de dos años sin que los responsables hicieran algo al respecto (a pesar de las reiteradas advertencias): el desastre en la compra de medicamentos.
Otra improvisación: el gobierno delegó la responsabilidad de conseguir las medicinas a la UNOPS de las Naciones Unidas. A la fecha, este organismo sólo ha conseguido el 6.6% de las piezas encargadas (han entregado 43 millones de 644 millones comprometidos).
El desabasto es tan severo que alcanzó a un grupo en extrema vulnerabilidad: niñas y niños con cáncer que no pueden continuar sus tratamientos. Los padres de estos pacientes alzaron la voz y exigieron que se cumpliera con su tratamiento oncológico.
Entonces, una exigencia legítima fue tomada como una guerra contra el régimen. Haciendo gala de su estrategia más valiosa, el primer mandatario responsabilizó a los gobiernos anteriores mientras afirmaba que pronto habría solución.
El martes pasado, el presidente dijo que esta semana daría un informe sobre el abasto de medicamentos en el país “para ya no dejarle ningún pretexto” a los corruptos y los “malquerientes” que le exigen y reclaman por la falta de medicinas. A fecha de hoy no hay informe.
La salud de los niños está en vilo y lo único que ha habido por parte de las autoridades son excusas y alharacas; de aceptar responsabilidades, mejor ni hablamos.











