· La cifra de 1.35 por ciento resulta especialmente preocupante si se considera que México necesita crecer al menos entre 4 y 5 por ciento anual para generar suficientes empleos
· Especialistas consultados por el Banco de México redujeron nuevamente el pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto para 2026
María Escalante García
La economía mexicana continúa mostrando señales de debilitamiento y las expectativas del sector privado vuelven a encender focos de alerta. Especialistas consultados por el Banco de México redujeron nuevamente el pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para 2026, al pasar de 1.44 a apenas 1.35 por ciento, una cifra que refleja el ambiente de incertidumbre, desaceleración y falta de confianza que persiste en el país.
El dato fue revelado en la cuarta encuesta mensual del año elaborada por Banxico, en la que participaron 43 grupos de análisis y consultoría nacionales y extranjeros entre el 20 y el 28 de abril. Aunque el ajuste parece pequeño en términos numéricos, en realidad confirma una tendencia negativa que se ha venido acumulando durante los últimos meses y que muestra a una economía incapaz de recuperar un crecimiento sólido.
La cifra de 1.35 por ciento resulta especialmente preocupante si se considera que México necesita crecer al menos entre 4 y 5 por ciento anual para generar suficientes empleos, elevar salarios, atraer inversiones y combatir de manera efectiva la pobreza. Con un crecimiento tan bajo, especialistas advierten que el país podría entrar en un periodo prolongado de estancamiento económico.
A pesar de que para 2027 los analistas elevaron ligeramente la expectativa de crecimiento de 1.79 a 1.82 por ciento, el panorama sigue siendo poco alentador. Incluso con ese ajuste positivo, México se mantendría muy por debajo de otras economías emergentes de América Latina y lejos de las metas necesarias para impulsar el desarrollo nacional.
La reducción en las expectativas ocurre en medio de diversos factores que han deteriorado el entorno económico. Uno de los principales es la caída de la inversión fija bruta, indicador clave que mide el gasto destinado a maquinaria, infraestructura y construcción. De acuerdo con cifras recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), este indicador acumuló 17 meses consecutivos de retrocesos anuales, reflejando la falta de confianza del sector empresarial.
La incertidumbre comercial internacional también ha influido negativamente. Las tensiones económicas con Estados Unidos, principal socio comercial de México, continúan afectando las perspectivas de exportación y manufactura. Analistas consideran que la política comercial estadounidense y la desaceleración de la economía norteamericana podrían seguir impactando directamente al mercado mexicano durante los próximos meses.
Otro elemento que preocupa es la percepción de inseguridad y falta de certeza jurídica para las inversiones. Empresas nacionales y extranjeras han mostrado cautela para expandir operaciones o iniciar nuevos proyectos debido a los cambios regulatorios, las modificaciones en reglas para sectores estratégicos y el ambiente político polarizado.
Otros indicadores
La debilidad económica también comienza a reflejarse en otros indicadores. El consumo interno ha perdido dinamismo debido a la inflación acumulada y al deterioro del poder adquisitivo de millones de familias. Aunque la inflación ha mostrado cierta moderación, los precios de alimentos, transporte y servicios básicos continúan presionando el bolsillo de la población.
A esto se suma la generación limitada de empleo formal. Si bien el país sigue creando plazas laborales, el ritmo es insuficiente frente a la demanda de millones de jóvenes que cada año ingresan al mercado laboral. Además, gran parte de los nuevos empleos presentan salarios bajos o condiciones precarias, lo que limita la capacidad de consumo y crecimiento interno.
Especialistas advierten que un crecimiento económico tan reducido también afecta directamente las finanzas públicas. Cuando la economía avanza lentamente, el gobierno recauda menos impuestos y enfrenta mayores dificultades para financiar programas sociales, infraestructura, salud, educación y seguridad pública.
El bajo crecimiento económico también pone en riesgo proyectos estratégicos que dependen de recursos públicos y de inversión privada. Sin dinamismo económico, el margen fiscal del gobierno se reduce y aumentan las presiones sobre la deuda pública.
Además, la constante revisión a la baja de los pronósticos genera un mensaje negativo hacia inversionistas internacionales. Los mercados suelen interpretar estos ajustes como señales de fragilidad económica, lo que puede provocar menor entrada de capitales y una desaceleración aún mayor en sectores productivos.
La situación resulta todavía más delicada si se considera que México atraviesa un momento crucial de competencia global. Mientras otros países buscan atraer inversiones mediante incentivos, estabilidad regulatoria y crecimiento acelerado, la economía mexicana enfrenta problemas estructurales que limitan su capacidad de aprovechar oportunidades como la relocalización de empresas o “nearshoring”.