Luis Mena Pantoja

Se conoce como organilleros o cilindreros a los músicos callejeros que se instalan en plazas públicas o recorren las calles acompañados de un instrumento musical autómata, compuesto por un órgano de tubos portátil y un sistema mecánico de relojería, al que se conoce como organillo, que llega a pesar hasta 50 kilogramos y que utilizan para interpretar piezas populares con las que amenizan los paseos de los peatones.

De origen alemán, en 1880 llegaron a México y otros países de Latinoamérica los primeros organillos, inicialmente de la marca “Wagner y Levien”, los cuales se rentaban a personas que ganaban algo de dinero al hacer sonar el instrumento en espacios públicos concurridos.

En 1975 se creó el primer sindicato de organilleros denominado ‘’’Unión de Organilleros

del Distrito Federal y la República Mexicana’’, con 120 miembros inicialmente, que se distinguían y se distinguen hasta la fecha por su clásico uniforme de color café, similar al utilizado por el ejército del general Francisco Villa. Posteriormente, surgirían otras agrupaciones similares de trabajadores dedicados a la misma actividad.

En la actualidad el oficio de organillero es escaso y es principalmente en Argentina, Chile y México donde aún se conserva, al igual que en Alemania, Francia y Suiza.

En la Ciudad de México, con la intención de contribuir a conservar esta peculiar tradición, el Congreso local propuso a la Secretaría de Cultura capitalina, en su calidad de secretaría técnica de la Comisión Interinstitucional del Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México, declarar “el oficio tradicional de organillero” como patrimonio cultural inmaterial de esta ciudad.

Al respecto, la diputada Andrea Evelyne Vicenteño Barrientos explicó el carácter histórico de las personas que se dedican a este oficio, que es parte del legado revolucionario.

En este sentido, consideró fundamental apoyar a las personas dedicadas a esta actividad tradicional para que “las generaciones que nos siguen disfruten de esta música que es parte de nuestra historia”.

Informó que actualmente se tienen registros de 500 organilleros a nivel nacional, de los cuales 450 se concentran en la capital del país, mismos que actualmente enfrentan dificultades para mantener su actividad, a causa de que no cuentan con ingresos fijos, carecen de reconocimiento y apoyo de programas específicos.

La congresista detalló que el 50 por ciento de los integrantes de este gremio alquilan el aparato musical que utilizan y costean sus uniformes, gastos a los cuales se suma el almacenamiento, la competencia con otros artistas urbanos y la variabilidad de ingresos por temporada y afluencia de visitantes.