Cuando tengas ganas de morirte no alborotes tanto:  

muérete y ya. 

Jaime Sabines 

José Manuel Rueda Smithers 

Justo estamos en esas fechas en las que celebramos una de las fiestas tradicionales más importantes en México. 

Los orígenes de esta ceremonia surgieron hace unos tres mil años en las etnias mexica, purépecha y totonaca. Ya en nuestro tiempo, se trata de una festividad que une a la cultura prehispánica y a la religión católica. 

Nuestros antepasados celebraban dos fiestas en distintas épocas del año: 

Miccalihui Tontli, dedicada a difuntos más pequeños. 

Ueymicaihuitl, dedicada a los espíritus adultos. 

Son los hogares los que una vez más se llenan con ofrendas y flores de cempasúchil; la pandemia obliga a tener cerrados los panteones. Simplemente se arma toda una fiesta con la mejor decoración y la mejor comida para recibir a aquellos que se adelantaron. 

Pero, ¿qué día con exactitud hay que festejar a los difuntos? 

Aunque por costumbre no lo creas, no sólo el 1 y el 2 de noviembre recibimos a nuestros seres queridos que ya dejaron la vida material, y los recordamos, para sentirlos, aunque sea por unas horas, otra vez cerca. 

Hay regiones de México en que la celebración del Día de Muertos se da días antes, dependiendo de la zona, y los muertos llegan cada 12 horas diariamente:  

Eso sí, al terminar sus visitas, se levantan los altares.  

Es definitivo que por todo el país la mayoría de las familias mantienen viva la costumbre de recibir a sus muertos. 

La importancia de las ofrendas para el Día de Muertos 

Su principal función es recibir a los espíritus con elementos como las flores, y guiarlos a la casa de sus seres queridos con la luz de las velas y veladoras. Cada uno de estos elementos tiene un significado que hace que esta tradición sea única en el mundo. 

La imaginación, los materiales y el espacio asignado, son los que resuelven o indican el tamaño de la ofrenda a colocar, sin dejar pasar el detalle de los colores y sus elementos. 

En un jardín o en una habitación o en un rincón, se destina algún espacio para una mesa o repisa, normalmente de tres niveles, dos para representar el cielo y la tierra y un tercer nivel que guarda el concepto de purgatorio. 

Muy importantes son los retratos y objetos del difunto. Es normal y hasta honroso, poner lo que nuestros seres queridos usaban o estimaban. 

Si se trata del alma es de un niño, la costumbre invita a ponerles juguetes.  

También se coloca la imagen de la catrina, un elemento que apenas tendrá cien años, creada por José Guadalupe Posadas, y bautizada así por Diego Rivera, quien la despojó de la crítica social que le dio origen y la cubrió de elegancia y de esa figura con la que ahora se reconoce por todo el mundo. 

La ofrenda es el reencuentro con un ritual que convoca a la memoria.