Enrique Escobedo
Una de las características más notables de las gestiones de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbaum es culpar al pasado de todos los males que aquejan al país y de ahí se agachan a fin de esconder sus incapacidades. Se dicen víctimas de un diagnóstico desencadenado por el modelo neoliberal y repiten a los cuatro vientos que esa pesadilla es culpa de Felipe Calderón. El tabasqueño niega odiarlo, pero se le nota en el tono de su voz, en el semblante de su rostro y en la cantidad de veces que lo mencionó. Ahora lo interesante es que la presidenta sigue el mismo caminito y repite, al igual que su mentor, que Calderón es la personificación el mal.
Ella sabe que ese sexenio terminó en el 2012 y está consciente de que al señalar al expresidente lo que realmente procura es minar a la segunda fuerza político- partidista de México. Ella está interesada en fortalecer a los partidos del Trabajo y al Verde en calidad de paleros y con eso asfixiar la democracia partidista. El odio de los morenistas hacia el PAN es, por un lado, real y, por el otro, un espectáculo grotesco a fin de imponernos a un partido de Estado y un régimen autocrático.
El mediocre crecimiento económico es debido, en gran parte, a la irresponsabilidad del tabasqueño. Consecuentemente, Claudia Sheinbaum ahora tiene que atender tres pistas. La primera es culpar al pasado neoliberal de todo lo que su mentor y ella han sido capaces de realizar, la segunda es solapar a AMLO de su pésima administración y mediocre conducción de la política económica y la tercera consiste precisamente en remediar la situación económica del país sin raspar al fundador de Morena.
Respecto a la primera pista seguirá golpeando a Felipe Calderón y a lo que queda de la “mafia del poder priista”. Más aún, nos impondrá una reforma electoral desde la cúspide de su mandato a fin de imponernos un régimen de partido de Estado. Respecto a la segunda, seguirá desplegando todas sus baterías de comunicación social a fin de mantener la fachada de que AMLO ha sido el mejor presidente que ha tenido México desde Lázaro Cárdenas y la tercera es que tímidamente ya acepta que es necesario hacer algo diferente en el rubro económico. Léase, ya se animó a escuchar otros puntos de vista y por eso se reunió con expertos economistas y los banqueros. Ojalá que se decida a actuar y enderezar la nave de la política económica.
Es sorprendente que un gobierno de continuismo insista en señalar culpables. Algo leen en la oficina de la Presidencia de la República que los tiene inquietos. Tal vez los resultados de las encuestas de popularidad señalan la caída de empatía social hacia la presidenta, podría ser que los mensajes de Washington son muy agresivos y reorientan la política de seguridad pública, pudiese acontecer que las proyecciones económicas muestran una pendiente a la baja y temen que se les salga de control. En fin, no deseo especular acerca de las razones que denotan obsesión por culpar a Felipe Calderón hasta de lo que ayer comieron y les empachó el estómago. Esa necedad es una demostración de que saben que van mal y de que las alertas están encendidas. Llegará el momento en que se note aún más la incapacidad de Sheinbaum y que ya no podrá culpar al pasado.
No tengo el reloj del pulso político del acontecer de la vida nacional. Esa maquinaria sólo es responsabilidad de la presidenta y le corresponde exclusivamente saber leerlo con oportunidad y tino. Si se equivoca las consecuencias serán graves. Si lo lee con seriedad, sensibilidad y responsabilidad será simplemente su obligación y puede acontecer que le vaya bien a la nación. De ahí que ojalá deje de culpar al pasado y se asuma como la presidenta de todos los mexicanos.














