· Originario de Cuautepec, Diego Octavio Cruz Monroy dirige la atención territorial de una de las zonas más pobladas y rezagadas de la GAM
La Redacción
Diego Octavio Cruz Monroy, director territorial Zona 10 en la alcaldía Gustavo A. Madero, conoce su territorio desde dentro. Nació y creció en Cuautepec Barrio Alto, una de las zonas más pobladas y complejas del norte de la Ciudad de México, y hoy es el funcionario responsable de atender directamente las necesidades de una comunidad que ronda los 400 mil habitantes y que históricamente ha cargado con rezagos, estigmas y desafíos estructurales.
“Soy la autoridad más al norte de la Ciudad de México”, dice Cruz Monroy al describir su ámbito de acción. La Dirección Territorial 10 se localiza en Cuautepec Barrio Alto, una zona que colinda con la Sierra de Guadalupe y con municipios del Estado de México, caracterizada por su accidentada geografía: subidas, bajadas, escalinatas y calles donde el acceso vehicular es imposible.
Un territorio poblado contra la geografía
El crecimiento de Cuautepec se remonta al boom demográfico de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. “Toda la parte alta se llenó por completo. Hoy calculamos que somos alrededor de 400 mil habitantes”, explica el director territorial. Esa expansión acelerada ocurrió sin una planeación urbana suficiente, lo que hoy complica la prestación de servicios básicos.
La infraestructura hidráulica, por ejemplo, supera en muchos casos los 30 o 40 años de antigüedad. “Eso genera fugas constantes y hace más difícil la atención”, señala. A ello se suma la complejidad para brindar servicios como alumbrado público o mantenimiento urbano. En colonias como Compositores, explica, las cuadrillas deben trasladar el equipo a pie, lo que reduce drásticamente la capacidad de respuesta diaria.
Movilidad: avances insuficientes
La llegada del Cablebús cambió el rostro de Cuautepec y representó un avance importante en términos de transporte público. Sin embargo, Cruz Monroy es claro: no resolvió el problema de movilidad. “Ayudó bastante, pero es insuficiente”, afirma.
Cuautepec solo cuenta con dos salidas principales hacia el resto de la ciudad —La Pastora y Tenayuca—, lo que provoca colapsos en horas pico, especialmente cuando más del 60 por ciento de su población económicamente activa se traslada diariamente a otros puntos de la capital.
Además, el Cablebús beneficia principalmente a una parte del territorio. “La parte derecha del mapa sí está cubierta, pero toda la parte izquierda no”, explica. Colonias como Nueva Compositores enfrentan largos traslados o costos adicionales para acceder al sistema. Por ello, Cruz Monroy ve con buenos ojos la promesa de una nueva estación. “Un punto estratégico sería la zona de El Charco, donde confluyen varias rutas y está la base del RTP”, propone.
Una alcaldía demasiado grande
La complejidad de Cuautepec no puede entenderse sin el tamaño de la alcaldía Gustavo A. Madero. Con más de un millón 200 mil habitantes, es más grande que varios estados de la República. “No es que las administraciones sean malas, es que la complejidad administrativa es enorme”, sostiene.
Por ello, revive una idea planteada desde la Constitución de la Ciudad de México de 2017: la posible división de la alcaldía para mejorar la eficiencia en los servicios. “Humanamente no te da recorrer todo, ni con recursos ni con tiempo”, reconoce.
Del pueblo mágico al estigma
Uno de los temas más sensibles es la estigmatización de Cuautepec como una zona violenta y sin ley. Cruz Monroy rechaza esa narrativa y recuerda que la historia del lugar es muy distinta. “Antes era considerado un pueblo mágico”, relata. En los años cuarenta y cincuenta se organizaban excursiones desde el Centro Histórico; incluso Pedro Infante filmó ahí varias películas, como Los Tres Huastecos, en la iglesia de La Preciosa Sangre.
También recuerda que Juventino Rosas se inspiró en Cuautepec para componer Sobre las olas, una de las piezas más reconocidas de la música mexicana. “Era un lugar increíble”, afirma.
El cambio, explica, vino con la pérdida de identidad social tras la llegada masiva de pobladores de distintas regiones del país. “Somos una comunidad joven que todavía está buscando quién es”, reflexiona.
Jóvenes, deserción y alternativas
Para Cruz Monroy, el problema central no es la criminalidad, sino la deserción escolar. Muchos jóvenes solo concluyen la secundaria y se incorporan tempranamente al trabajo informal. “No hay programas contundentes que los canalicen hacia otro camino”, lamenta.
Frente a ello, desde la Dirección Territorial se impulsa un proyecto de vinculación con escuelas y deporte. Aprovechando la fiebre mundialista, se organiza un torneo interescolar para generar identidad, pertenencia y competencia sana. “Queremos que se sientan parte de algo”, dice. El plan incluye la colaboración con empresarios locales para apoyar con uniformes, balones y premios, con la intención de que el proyecto evolucione hacia una política pública permanente.
Un pulmón verde desaprovechado
Más allá del concreto y el hacinamiento, Cuautepec guarda una riqueza poco conocida: la Sierra de Guadalupe. “Es el pulmón verde más importante al norte de la Ciudad de México”, destaca Cruz Monroy. Desde sus alturas se tiene una vista privilegiada de la capital, con potencial turístico, deportivo y ambiental aún por explotar.Entre rezagos históricos, estigmas y desafíos urbanos, Cuautepec busca reconstruir su identidad. Desde dentro, Diego Octavio Cruz Monroy insiste en que el futuro del territorio pasa por reconocer su historia, atender a sus jóvenes y entender que, más allá de los clichés, se trata de una comunidad viva que exige ser vista con otros ojos.












