Por Rubén D. Arvizu

Meta promocionó sus anteojos IA Ray-Ban Meta con frases como “Diseñada para una privacidad controlada por ti” En pocas palabras, que no te espiarían. Sin embargo, una investigación sueca reveló que videos capturados por los usuarios, incluyendo momentos muy íntimos: personas desnudándose, teniendo sexo, usando el baño, mostrando tarjetas de crédito, etc.) son enviados a trabajadores humanos en Kenia para etiquetarlos manualmente y entrenar los modelos de IA.

No es solo inteligencia artificial procesando datos de forma automática. Son personas reales viendo tu vida privada. Ahora hay una demanda colectiva en California acusando a Mark Zuckerberg de publicidad engañosa, violación de privacidad y fraude.

No es un error técnico, es el modelo de negocio de entrenar la IA a bajo costo sacrificando la dignidad y la privacidad de las personas.

Este no es un caso aislado. Es parte de un patrón más amplio: las grandes tecnológicas prometen un futuro brillante mientras construyen un sistema de vigilancia masiva que ya no distingue entre vida pública y privada.

Los “todopoderosos” de la tecnología prometen un control absoluto, pero en realidad priorizan sus intereses de entrenar mejor sus modelos de IA a bajo costo por encima de la dignidad e intimidad de las personas.

Es el mismo patrón que vimos con Sora, e un gran despliegue publicitario, promesas grandiosas, pero una realidad mucho más oscura y menos transparente.

Los super billonarios de Menlo Park, en Redmond y en Mountain View tienen más poder sobre nuestra información diaria que muchos gobiernos.

Si sólo tratamos de combatir el autoritarismo político sin rechazar al mismo tiempo la tiranía tecnológica, sería una victoria incompleta.

Más que nunca debemos hacernos esta reflexión, ¿qué clase de sociedad estamos construyendo cuando permitimos que unos pocos controlen lo que vemos, lo que sabemos y lo que otros ven de nosotros?

*Rubén Arvizu – Escritor y ambientalista.