Por Rubén D. Arvizu
Un reciente artículo del New York Times Magazine firmado por la doctora Helen Ouyang plantea una inquietante pregunta: ¿Qué se pierde cuando la inteligencia artificial escribe las notas clínicas en lugar del galeno?
Durante siglos, escribir esas notas fue parte esencial de la formación médica. No era burocracia, era el momento en que el doctor ordenaba su pensamiento, cuestionaba sus conclusiones y ejercitaba el razonamiento clínico. Como bien señala Ouyang, incluso las notas imperfectas de un estudiante revelan cómo está aprendiendo a pensar como médico.
Hoy, los “AI scribes”, sistemas de inteligencia artificial que escuchan las conversaciones entre médico y paciente, generan automáticamente la nota clínica y están adoptándose en muchas clínicas y hospitales.
Los beneficios son evidentes: menos cansancio profesional, menos tiempo administrativo y más tiempo con el paciente. Sin embargo, el costo puede ser alto. Cuando el médico deja de escribir, también deja de ejercitar el razonamiento crítico que esa escritura exige. La nota ya no es el reflejo de su razonamiento, sino el producto de un algoritmo.
Este fenómeno no es nuevo. En el doblaje, el periodismo, la traducción y otras profesiones que requieren el uso irrestricto del conocimiento y el razonamiento, la IA está desplazando no solo tareas, sino formas enteras de pensar
La tecnología suele ser positiva, pero en medicina —donde la precisión y el juicio humano pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte— desplazar el razonamiento clínico genera una sombra de preocupación legitima. No se trata de rechazar el avance, sino de asegurarnos de que la IA sea una herramienta que apoye, y no sustituya al cerebro del médico.
¿Usted qué opina, amable lector?
Rubén D. Arvizu
Escritor y ambientalista














