Judith Sánchez Reyes
En el Deportivo Hermanos Galeana la inauguración del Mundial 2026 se vivió a dos tiempos. Un mismo lugar, con dos Claudias.
Por momentos Claudia Sheinbaum, la aficionada, brincó de gusto con cada llegada, sufrió las fallas de gol, con las manos en la cabeza y gritó el tradicional “México, México” que coreaban los demás asistentes. Aplaudió con el primer desborde y sonrió cuando la pantalla gigante tomó a la Selección en el calentamiento. Ahí, entre banderas tricolor y el traca-traca de las matracas, era una más.
Pero también estuvo Claudia Sheinbaum, la presidenta de la República. Su teléfono, definitivamente no descansó, no se puso en modo avión. En dos ocasiones dejó su asiento de la primera fila que se designó para ella y demás funcionarios, entre ellos, la jefa de Gobierno, Clara Brugada y el alcalde anfitrión, Ricardo Janecarlo Lozano, en dos ocasiones se alejó del ambiente futbolero y buscó un rincón menos ruidoso, atrás de la gran pantalla, para atender llamadas. El “whats” vibraba, ella leía y respondía, con un semblante serio, mientras a unos metros la gente ondeaba las banderas tricolor.
Los mensajes continuaban, Sheinbaum Pardo se concentraba en el contenido, pero la euforia de los cronistas atrapaba por segundos su atención, hasta que al minuto nueve el ánimo pampolero se prendió. Julián Quiñones empujó el balón y el Hermanos Galeana estalló al grito de “Gooooool”. Fue ahí cuando su semblante cambió: esbozó una gran sonrisa y de un brinco se puso de pie, festejó desdoblando una gran bandera tricolor, tomó nuevamente su lugar pero más relajada. Casi mismo método en el segundo gol, que le dio una victoria contundente al equipo mexicano frente al sudafricano.
Sin embargo, a lo largo de los 90 minutos del tiempo reglamentario, La atención de Sheinbaum Pardo a la pantalla fue medida. Un aplauso breve, un pequeño gesto de frustración por las llegadas no concretadas en gol por el Tricolor, una sonrisa corta y, rápidamente, otra vez la vista de nuevo al celular.
Y aunque sonrió en cada selfie que algunos asistentes logaron tener con ella, al final el cargo y la realidad hicieron que su temple reflejara qué algo pasaba, que algo le preocupaba. Eso quedó grabado en un video – que pudimos tomar –donde se le observa abrazando a un pequeño aficionado.
Porque así son los hechos que están sucediendo en el país, reflejados en manifestaciones y protestas de maestros y madres buscadoras en la ciudad capital desde hace unas semanas. No fue una tarde de 90 minutos continuos de euforia. Al menos no en la zona oficial.
Entre jugada y jugada, la presidenta Claudia Sheinbaum transitaba de la “grada” al despacho. De la camiseta verde al protocolo. Del gol al informe y a la toma de decisiones.
Al final, el silbatazo la encontró ya de regreso en su lugar. Aplaudió el triunfo, se tomó fotos con familias y volvió a ser la aficionada por un instante. Pero el teléfono seguía ahí, y el gesto se tensaba, recordando que ni el Mundial suspende la agenda de Palacio Nacional.
En el Deportivo Hermanos Galeana, México ganó. Y Claudia Sheinbaum Pardo, la titular del Ejecutivo federal, vivió el partido como se gobierna: con un ojo en la cancha y otro en el país, donde el marcador nunca dejó de correr.
La cobertura mundialista: toda una odisea para la fuente presidencial
La fuente presidencial vivió un jueves de Mundial como si fuera tiempo de compensación: con el reloj encima y el inicio de la inauguración de la Copa del Mundo en contra. Durante La Mañanera, Claudia Sheinbaum jugó al misterio. Sonrió, esquivó la pregunta y soltó: “Ay, hay qué hacerla de emoción un poquito”. Nada concreto: ni Fan Fest en el Zócalo, ni Estadio, ¿ni Palacio Nacional?. Ufff. Solo incertidumbre. A los reporteros nos envolvió la duda entre sorbos de café y un pastel cumpleañero de un colega a medio disfrutar, sabiendo que la presidenta tenía semanas coqueteando con la idea de ver el México vs Sudáfrica entre la gente. Pero este día, el suspenso seguía siendo su mejor gambeta.
Faltaban 35 minutos para que México le diera la bienvenida al mundo futbolero, cuando cayó el balde de agua fría. Los reporteros ya estábamos instalados en el Salón Tesorería, celulares y cámaras alistando el tiro para tener la postal de la presidenta portado “la verde del Tri”. Entonces se acercó la coordinadora de Comunicación Social con el cambio de jugada: “La presidenta no lo va a ver aquí. Ya va rumbo al Deportivo Hermanos Galeana, en la GAM. Si se van ahorita, todavía la alcanzan”. El movimiento fue sincronizado: tomamos nuestras pertenencias y salimos. Corrimos en pequeños grupos y comenzamos a abrirnos paso entre los trabajadores de Hacienda que iban a disfrutar del encuentro. El partido inaugural ya no lo cubriríamos desde la comodidad del recinto legislativo, sino desde la cancha de la improvisación.
Y empezó el otro partido. Primero, salir a pie de Palacio Nacional por la calle de Moneda, esquivando vallas, policías y aficionados. Después, llegar a avenida Circunvalación con la angustia de no encontrar transporte. Por fortuna – y milagro -, ahí estaba: un taxi de aplicación. El conductor no chistó, no regateó, no se manchó con la tarifa. Cobró lo que marcaba la app, sin abuso mundialista, y arrancó. De manera rápida dejamos atrás cortes viales, el pitar de los silbatos de los policías y el “ruidajo” que prevenía del Zócalo, y así el coche se fue colando hasta llegar a la puerta principal del Deportivo Hermanos Galeana.
Pese al descontento, el nervio y la premura hubo un tiempo para medio posar para la selfie que refleja de cual madera está hecha la fuente presidencial.

Con el tiempo encima y el corazón a mil, logramos colarnos entre la multitud del Deportivo Hermanos Galeana. Entre empujones con funcionarios que tenían como función ser una doble valla ahí estaba: Claudia Sheinbaum, enfundada en la verde con el 26 en la espalda y su nombre estampado, sonriendo, tomándose “fotos” con mujeres, niños y funcionarios acompañantes. Así el silbatazo inicial del Mundial 2026 la tomó rodeada “del pueblo”. Y nosotros, los reporteros, jadeando, asoleándonos, pero con la toma en la cámara y teniendo la nota.
El datito…hermoso
En el segundo tiempo, cuando el partido ya arrojaba un marcador favorable para nosotros como país anfitrión, en la cobertura tuve a un invitado inesperado. Un perrito – seguramente inquilino de este espacio deportivo – con ganas de ser parte del festejo, movió la cola como muestra de saludo y se echó sin reparo en el pasto, perooooo vio en un cable de una cámara de televisión un nuevo juguete. Con la cola inquieta, empezó a tratar de mordisquearlo. Más de uno palidecimos: un jalón y adiós señal.
Le hablé, no me peló. Recordé que en la bolsa traía un pedazo de panqué del desayuno que compré con Doña Margarita horas antes. Se lo ofrecí y otra vez, no me peló, hasta que decidí dárselo directamente en el hocico, y el cambio fue inmediato: dejó el cable, bailoteó y lo disfrutó en cada bocado, sin prisa. Me siguió hasta el momento de mi enlace en vivo para Radio Miled. Y en un gesto de agradecimiento, justo unos segundos antes de estar al aire, me brincó encima buscando jugar.

Mi nota terminó segundos antes del segundo gol de México. El barullo del festejo fue el silbatazo final para que este perrito bonachón tomara camino en otra dirección, como si con el estallido de júbilo también hubiera cumplido su misión.
Definitivamente, no solo es en una anécdota de color: un perrunito buscando sombra. Fue la pausa inesperada – pero sumamente necesaria – en una cobertura caótica, que nos regaló un respiro.














