Chimalistac, un regazo de tranquilidad

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Pedro Flores

En medio de dos grandes avenidas, Insurgentes y Universidad, existe  Chimalistac, zona  de calles empedradas y silenciosas, de casonas entre árboles que nos recuerdan las imágenes de la película “Santa” de Federico Gamboa, filmada en 1932. Además de  otras estructuras  que conservan sus figuras  de antaño, que nos transportan  a un pasado de una ciudad que no veremos más.

Chimalistac en el periodo prehispánico pertenecía a Coyohuacan, un asentamiento que había sido avasallado por los tepanecas alrededor de 1332 y que en  1410, Tezozómoc, señor de Azcapotzalco, le da a Coyohuacan el rango de señorío e instala a su hijo Maxtla como su gobernante. Dentro de las leyendas algunos señalan que su nombre quiere decir: “donde se talla la piedra de sacrificios” y afirman que aquí se elaboró el famoso calendario azteca.

En 1426 Maxtla toma el trono de Azcapotzalco y hostiliza a la ciudad mexica de Tenochtitlán y a la ciudad Acolhua de Texcoco. Sin embargo, los mexicas y acolhuas unen fuerzas y toman Azcapotzalco en 1428 y Maxtla huye a Coyohuacan, donde es derrotado en 1430 y el señorío de Coyoacán y sus barrios dependientes -que eran Chimalistac, Coapa, Tepetlapa, Axotla, Huitzilopochco, Xoco, y Copilco, se convirtieron en tributarios de la triple alianza, conformada por las ciudades de Texcoco, Tenochtitlán y Tlacopan

Durante la conquista de México, Coyohuacan (ahora Coyoacán) estaba regido por el cacique Ixtolinque. Al fin de la guerra se une a la causa española y tras la caída de Tenochtitlán es bautizado con el nombre de Juan de Guzmán Ixtolinque y se convirtió en un fiel aliado de Hernán Cortés, quien se estableció en Coyohuacan de 1521 a 1523 con sus capitanes y su ejército mientras se reconstruía la Ciudad de México.

Al morir Juan de Guzmán los sucede su hijo Felipe de Guzmán Ixtolinque y su esposa, quienes donan a la Orden de los Carmelitas Descalzos la finca de Chimalistac, quienes ya se habían instalado y que entre  sus más famosas construcciones está luna  parroquia s y cercana a encuentra esta pequeña cámara  secreta, construida en 1620.

El nombre de “secreta” se le adjudicó debido a que tiene dos orificios paralelos con los que estudiantes y frailes podrían comunicarse sin que los demás presentes pudieran oír de lo que hablaban, en su mejor momento, estuvo decorado por pinturas religiosas, pero con el tiempo desaparecieron.

Sus calles, sus historias y algo más

Chimalistac, ahora perteneciente a la Delegación  Álvaro  Obregón representa  un regazo de tranquilidad en medio de dos grandes avenidas como son Insurgentes y Universidad, y dada  la belleza de sus construcciones tiene estructuras catalogadas como monumentos históricos, como es el caso de la cruz atrial de la parroquia de San Sebastián. Del siglo XIX datan las casas marcadas con los números 5, 101 y 186 del Paseo del Río, que constituyen valiosos ejemplos de las fincas de descanso de la época y también están consideradas dentro de ese rubro  de acuerdo a la ley.

Y Justo enfrente de la Iglesia  se encuentra el Centro de Estudios de Historia de México. Abrió sus puertas por primera vez en 1965, pero su historia va mucho más lejos. Resulta que este edificio data del siglo XVIII y es llamado comúnmente como la Casona de Chimalistac, actualmente alberga más de 800 mil piezas, entre libros y manuscritos en los que se relata la historia de toda la República Mexicana.

A pesar de todas sus bellezas, muchas de ellas ignoradas por muchos capitalinas, Chimalistac es más recordada por muchos  por  las  adaptaciones al cine de la novela Santa. Cabe destacar que la versión de 1932 es considerada la primera película del cine sonoro mexicano. Estas versiones son: Santa (1918) de Luis G. Peredo; Santa (1932) de Antonio Moreno; Santa (1943) de Norman Foster y Alberto Gómez de la Vega: Santa (1969) de Emilio Gómez Muriel.

Algunos personajes que han vivido o se han inspirado en dicha zona, pues está el mencionando Federico Gamboa. El Paseo del Río,  la parroquia de San Sebastián han sido tema recurrente las obras de artistas como José María Velasco, Mauricio Rugendas y Ben-Hur Baz, además de ser  sede de las casas de la escritora Helena Poniatowka, y se dice también que de Marcelo Ebrad y José Antonio Meade entre otros.

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