Brasil sufrió hasta el tiempo extra para certificar su segundo oro de forma consecutiva en unos Juegos Olímpicos gracias al gol de Malcom en el m.108 frente a una España (2-1) que se mostró blanda en defensa y lo acabó pagando.

El partido empezó parejo y sin mucho ritmo, el 92 por 100 de humedad con 28 grados centígrados que se midió en Yokohama antes de empezar el partido no ayudó, pero la ‘canarinha’ fue metiéndose poco a poco en el encuentro.

El balón no miente, que decía Rasheed Wallace, exjugador de la NBA, cada vez que le pitaban una falta en contra y el rival fallaba algún tiro libre. Y eso le pasó a España este sábado. Una salida en falso de Unai Simón hizo que se llevara por delante a Matheus Cunha en una acción que, más allá del estado del delantero brasileño, no parecía llevar a más, pero si lo hizo.

Sorprendió en el videomarcador el anuncio de que se estaba revisando la acción. El colegiado australiano Chris Beath fue a verlo a la pantalla y decretó la pena máxima ante la incredulidad de los jugadores españoles. Pero Richarlison la mandó a la grada en el minuto 38. Un alivio que duró poco.