David Hidalgo Ramírez 

Hace 37 años Alan Riding publicó su libro “Vecinos distantes”, en el cual analizó la relación entre los Estados Unidos de América y los Estados Unidos Mexicanos, y alentó como conclusión de éste, la necesidad de estrechar un diálogo más fluido y constante entre ambas naciones. 

El pasado 1 de marzo, se realizó una videollamada entre los presidentes de ambos países Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador, y aunque el ambiente fue de absoluta cordialidad, se evidenció una gran diferencia entre las participaciones de estos personajes, el presidente de Estados Unidos se exhibió pleno y con una gran capacidad de comunicación, lo cual se debe en gran parte a su trayectoria política y a su roce internacional, que tuvo su gran momento cuando fungió como vicepresidente en la administración de Barack Obama; en el caso del presidente de México, se le observó con una necesidad imperiosa de articular su participación en la manera que ha hecho común, soportada en momentos y situaciones de la historia patria. 

Si bien hubo analistas políticos que presagiaban un choque entre estos dos actores que no habían construido una relación anterior, a pesar de que como lo dijo Joe Biden, se conocieron durante la administración Obama–Biden en uno de sus viajes al país vecino del sur; tuvo situaciones preocupantes cuando el presidente López Obrador realizó una visita el año pasado a la Casa Blanca con el presidente (candidato) Donald Trump y no visitó al candidato demócrata Biden y tampoco lo felicitó en la inmediatez de su triunfo electoral, aduciendo que se esperaría a que se oficializara su triunfo; la reunión fue meramente protocolaria y no permitió desacuerdos de ninguna índole. 

Siendo exigentes, podemos señalar que cuando el presidente mexicano mencionó que el T-MEC fortalece la integración entre ambas naciones, estaba olvidando que la reforma eléctrica que se aprobó tres días después de esta reunión bilateral (pero que estaba pactada entre sus grupos parlamentarios en el Congreso de la Unión) lesiona de alguna forma lo referente a este tema en ese tratado comercial.  

Otro tema que se trató sin exhibirlo en esta videollamada fue la posibilidad de que el presidente Biden pudiera vender algunas vacunas Covid a la nación mexicana, pero en esa situación no hubo progreso alguno, y el argumento que esgrimió el presidente estadounidense fue que la totalidad de las vacunas que ha podido comprar su administración las tiene absolutamente comprometidas con sus conciudadanos, ya que esa fue una de las promesas de su campaña presidencial. 

Ambos mandatarios están claros de que existe la necesidad de fortalecer la relación bilateral y que junto con Canadá sigan fortaleciendo esta zona comercial, para poder competir contra otras zonas geográficas que han podido constituir zonas comerciales de amplia influencia. 

Quizá lo más rescatable de esta reunión virtual fue la coincidencia de que debe haber un “pie de igualdad” entre ambos países y que el mutuo respeto debe prevalecer para fortalecer la soberanía de ambos y algo que reitero el presidente mexicano, es que estás reuniones y la presenciales cuando sean posibles deben ser constantes. 

Esperemos que tanto Biden como López Obrador tengan la inteligencia y la madurez para entender que no sólo son importantes los mexicanos que viven en Estados Unidos, ni los estadounidenses que viven en los Estados Unidos Mexicanos. 

Todo nos indica que aquellos románticos de la relación mexicoamericana que siguen esperando un ambiente que solamente parecen haber podido construir los presidentes John F. Kennedy y Adolfo López Mateos, no lo verán en los próximos años, al menos del 2021 al 2024.