Enrique Escobedo

Estamos ante el nacimiento del segundo semestre del año y el avance del inexorable tiempo nos dice que estaremos llenos de sorpresas. Sobre todo, en asuntos políticos, jurídicos y administrativos. México está ante la posibilidad de sufrir un cambio de régimen y la incertidumbre crea desconfianza en algunos sectores sociales y esperanza en otros. Hoy el régimen de gobierno está definido en el artículo 40 de nuestra constitución “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, laica y federal, compuesta de estados libres y soberanos” lo que significa que no somos una monarquía, que elegimos por voto libre, directo y secreto a nuestros senadores, diputados federales y locales y miembros del cabildo cada seis o, en su caso, tres años. También es laica porque respeta la libertad de creencias y es un gobierno independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Finalmente es federal porque cada uno de los 32 estados que integran la federación tienen su gobierno relativamente autónomo y con atribuciones e instituciones propias.

Un régimen político se define por los principios y fines acerca de las normas de conducción de la sociedad, es la forma y el fondo mediante los cuales se definen las leyes, normas y reglas sociales, culturales y administrativas que regulan el funcionamiento del gobierno, su Administración pública, sus instituciones y los canales de interacción con la sociedad. Un régimen establece las reglas de operación, funcionamiento de gestión y conveniencias de comunicación en la relación gobierno-sociedad, pues lo asuntos públicos tienden a ser, según el tipo de gobierno, a distinguirse en la tomar decisiones y en su ideología. 

Por lo anterior, un cambio de régimen podría significar la comprensión unidimensional de la democracia y, en la práctica, imponerse un partido único de Estado, hegemónico y totalitario. También podría significar el fin de las actuales formas de producción y estatizar industria y comercio. Un régimen puede anular el reconocimiento a la propiedad privada y podría ser el fin de la garantía de los Derechos Humanos contenidos en nuestra Constitución.

Un régimen de gobierno democrático se sujeta a principios tales como la tolerancia, la pluralidad, el respeto a las oposiciones, el reconocimiento a los valores culturales y sociales, la difusión de la cultura de la legalidad y el pluripartidismo. De ahí que podría acontecer que no se modifique el artículo 40 arriba aludido, pero que en la práctica tengamos un poder Ejecutivo excesivamente fuerte que subordine a los poderes legislativo y judicial, que acote y margine la representación proporcional de las minorías, que la movilidad social esté en función de poseer credenciales del partido oficial, de establecer una cultura oficialista y censurar voces disidentes, así como a medios de comunicación y periodistas que no alaben al régimen de  Estado.

Faltan seis meses para que acabe el año y en ese lapso México podría regresar al Maximato o, en una de esas, ver el fin de IMPAR. No lo sabemos. Lo que si es claro es que los carteles taurinos siempre anuncian “seis toros seis” pues la repetición de la cifra y su remache significa que eso es lo único seguro, ya que no pueden anunciar seis toros bravos, excelentes y con trapío o algún otro valor subjetivo y que resulte en un fiasco; de ahí el título de este ensayo.

Restan por transcurrir seis meses seis para que acabe el año y no tengo claro los cambios que se avecinan y si cambiaremos de régimen con alguna nueva redacción al artículo 40 constitucional. Sin embargo, algo queda claro: serán seis meses seis fundamentales en la historia de México.