Enrique Escobedo

Las paradojas y contrasentidos de la vida se reflejan en la política y de ahí que es usual encontrar dichos y consejas similares. Por ejemplo, “la política es comer sapos, sonreír y pedir más” lo cual es cierto, pero no es exclusivo de la política. Todos en la vida hemos tenido que tragar sapos y no necesariamente por motivos de poder. Otro ejemplo es el de la “tormenta perfecta” en los que ciertos días al realizar nuestras actividades cotidianas todo sale negativo y nos resulta mal. Lo mismo ocurre en los vaivenes en la búsqueda políticos. Sin embargo, hay refranes propios de la política y que no son necesariamente parte de la vida cotidiana. Así tenemos ese que dice “se cayó para arriba”.

Caerse para arriba es ilógico en el mundo real, pero no en la realpolitik, pues el significado es complejo y en ocasiones inentendible y casi inexplicable, pero no es imposible. Así tenemos casos como el de las dos corcholatas perdedoras y la exfiscal capitalina. Me refiero específicamente a Ricardo Monreal, Adán Augusto López y a Ernestina Godoy respectivamente. Los dos varones perdieron la presidencia de la Republica y por supuesto que les debe de haber dolido. Por su parte, ella no alcanzó a ser ratificada en su cargo.  Pero la vida es para adelante y ahora gozan de amplios cotos de poder. Los dos legisladores no ocultan en sus rostros lo mucho que disfrutan su autonomía de gestión. Por su parte, la ex fiscal capitalina le habla al oído a la presidenta Sheinbaum y debido a que la mandataria no es abogada, no le queda más remedio que creerle a la licenciada Godoy.

Más aún. El senador y el diputado, si por algún motivo fuesen la oposición ya se habrían rasgado las vestiduras si el PAN o el PRI hubiesen sometido al poder legislativo la tesis de la “supremacía constitucional”, pues dado que sendos personajes son abogados saben que se trata de una concepción francamente de corte autoritario y que raya en el potencial Estado fascista. Pero los dos se cayeron para arriba, están embriagados de poder y de su abuso, por lo que se encierran en argumentos leguleyos a fin de seguir usufructuando sus cargos legislativos. Lo que me hace elucubrar sin pruebas que en las reuniones de trabajo en el Palacio Nacional en materia de reformas a la Constitución y otras leyes debe haber, al menos, dos posturas. La primera es la radical y herencia de Andrés Manuel López Obrador. Se trata de cambios a nuestra Carta Magna a fin de perpetuar el partido de Estado y de acumular más poder al ejecutivo federal. Sospecho que los dos legisladores y la consejera Jurídica se ponen de acuerdo y representan al grupo dogmático al aferrarse a sus posturas mediante sus conocimientos de derecho. La otra parte, quiero imaginar, es la moderada, no son abogados y por el desempeño del perfil de sus carteras saben que las consecuencias del radicalismo pueden traer riesgos mayores. Conjeturo que, de ser el caso, ahí están los titulares de Relaciones Exteriores, Hacienda, Economía y Energía.

Lo anterior es solo un escrito de mi imaginación político-administrativa. Nada de eso es real y no tengo pruebas que lo demuestren. Simplemente elucubro que así deben de ser esas reuniones. Lo que si me queda claro y es real, es que el senador López Augusto y el diputado Monreal está haciendo lo que se les pega la gana y no se ve la mano de la presidenta Sheinbaum. La realidad nos indica que sendos personajes y la señora Godoy cayeron para arriba y la agenda legislativa es la de ellos y la del hombre de Macuspana.