Ángel Bejarano O. 

Hace algunos años sostuve una agria discusión, vía telefónica, con Mauricio Toledo, político, como muchos otros, que cambian el color de su piel según les vaya en la vida. Le dije, en esa ocasión, que, en política, como en la vida, a veces se está arriba de la rueda de la fortuna y a veces abajo. Toledo se soltó una risa y dio por terminada la plática. 

Dos días después, Toledo, que fungía como diputado local en la Asamblea Legislativa, me encontró en los pasillos del recinto, me tocó el hombro y me dijo sarcásticamente: “Yo siempre voy a estar arriba de la rueda de la fortuna…”. 

Han pasado los años desde aquel desencuentro y la rueda de la fortuna se le descompuso a Toledo, diría que se cayó de la misma. Sus augurios no se concretaron y hoy se encuentra en Chile, país que vio nacer a su padre, Nelson Toledo, en espera de que sea extraditado a México, donde podría ser encarcelado, pues existe una orden de aprehensión en su contra por enriquecimiento ilícito. 

Ciertamente, a Mauricio Toledo la vida le sonreía, muy joven entró a la política. En 1994, cuando tenía 14 años, se afilió al PRD y en 2001 fue nombrado secretario de asuntos juveniles del CEN.   Su facilidad de palabra y oratoria deslumbró a más de uno, entre ellos a los famosos “Chuchos” – Jesús Ortega y Jesús Zambrano-, quienes al paso de los años lo encumbraron…y le enseñaron también las malas mañas. Toledo fue diputado local, federal, delegado en Coyoacán y en todos los cargos se caracterizó por manejar a grupos de choque. 

Se diría que por la trayectoria de su padre Mauricio Toledo debería traer en la sangre postulados de democracia, pues Nelson Toledo fue dirigente de las juventudes de Salvador Allende, en Chile, y encarcelado dos años por Augusto Pinochet. Según relató años atrás, fue torturado y sujeto a las peores vejaciones. Al quedar en libertad, llegó a México en 1977, acompañado de su esposa Rosa Clementina.  

Nelson Toledo pronto se olvidó de las palabras vertidas al llegar a México: “Voy a luchar por el resto de mi vida por la democracia y la libertad”. Y sí, ha luchado, pero por una vida llena de lujos, chantajeando y amenazando a electores de la alcaldía Coyoacán para buscar el respaldo a favor de su hijo Mauricio. 

Ambos personajes se dedicaron a cooptar al electorado con regalos y dinero, adquiridos con el presupuesto asignado a la alcaldía de Coyoacán. Reclutaron a diversas bandas de la colonia Aquiles Serdán y el hijo “pródigo” se convirtió en un cacique.  

Y se la creyó, Toledo se sintió todopoderoso, a tal grado que traicionó a sus mentores políticos – los chuchos- y se fue por la libre. Pero su vanidad no le permitió medir sus alcances. En enero del 2018 mandó a sus golpeadores a reventar un acto político de la entonces candidata de Morena a jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum. Ahí firmó su sentencia, pues años más tarde se la cobraron. 

La estrella de Toledo empezó a apagarse el 17 de febrero del 2019, cuando su partido, el PRD, decidió expulsarlo de sus filas al argumentar que las acciones del “tomate” se alejaban de los principios partidarios de ese instituto político. Y es que Mauricio, diputado federal en ese entonces, había votado a favor del presupuesto federal, la Guardia Nacional y las reformas a la Ley Federal de Entidades Paraestatales, situación que no fue bien vista por el partido que lo había encumbrado, toda vez que habían sido presentadas por Morena.