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Artículo / Robar, mentir, traicionar 

Enrique Escobedo  

A decir de los militantes del partido Morena los guían tres principios: no robar, no mentir y no traicionar. Lo cual, durante la gestión del presidente Enrique Peña Nieto, era emblemático y atrajo a millones de simpatizantes. Pero no se trataba, ahora lo sabemos, de principios, sino de un lema de campaña electoral que convenció mediante una estupenda mascarada a ingenuos que deseaban y desean sinceramente un gobierno honesto, transparente y apagado al derecho. 

Los principios de una organización política y administrativa, como son los partidos políticos, se enraízan en buena medida en las razones fundacionales que asientan su proyecto y desde ahí forjan su comportamiento ético. La idea es que cuando ese partido político llegue al poder sea congruente y consecuente con sus principios, ideología y programa de trabajo. Con lo cual evita improvisaciones, distorsiones y desapego a lo que lo condujo al triunfo electoral. Más aún, cuando un partido se hace gobierno debe regir para todos con sus principios y no solo para sus militantes.  

El asunto es que los tres principios que dice el partido Morena que guían a sus militantes cada día se alejan más desde que se apoderaron de la Administración Pública Federal. La percepción ciudadana de corrupción crece y, por si fuera poco, la creciente burocratización debido a la improvisada llegada de militantes a puestos de responsabilidad administrativa crea ineficiencia e ineficacia. Más aún, es grotesco el despilfarro de recursos que justifican en nombre de la honestidad, la lealtad y la austeridad republicana.  

Por lo que respecta a “no mentir” también es un principio olvidado, pues cada día crece la opacidad y esconden sus pifias bajo el argumento de la seguridad nacional. Nos dicen que ellos no mienten, sólo callan y esconden datos. Tal vez su cinismo disimulado en eufemismos alguien pueda justificarlo. Pero la realidad es que difícilmente es aceptable su perversidad de encubrirse en una mascarada de “yo tengo otros datos” y decir que no mienten. 

Finalmente supongo que su idea de no traicionar se refiere a que cumplirán cabalmente lo prometido. Empero el asunto es que la categoría de traicionar la han adoptado como fidelidad absoluta y abyecta al presidente y califican a todos aquellos que piensen diferente como traidores a la patria. Situación que significa que los morenistas, en una supuesta autoridad moral, deciden unilateralmente que es traición y que no lo es.  

No tengo pruebas que demuestren que las personas servidoras públicas que llegaron con la camiseta puesta de Morena a la burocracia nos roban, pero quedan sospechas fundadas de que eso ocurre. Es claro que esconder datos no es mentir, pero es un gobierno poco transparente, que confunde las conferencias mañaneras con rendir cuentas y esconde información al amparo de la seguridad nacional, sin basarse en la ley de la materia. Finalmente considero que traicionar es acusar sin pruebas, es atentar contra la pluralidad, la tolerancia y la inclusión que son valores de la democracia que en Morena condenan. Desde mi punto de vista “no traicionar al pueblo” significa apegarse al Estado de Derecho y no a interpretaciones unidimensionales de una ideología.  

La incongruencia de Morena con sus principios se explica porque no son la base de su plataforma y mucho menos su marco de actuación. Se trata de un eslogan de campaña político electoral que convenció a muchos, pero hasta ahí. Esa es la realidad.