Bernardo López
Aunque de manera mañosa se promocione la revocación de mandato, que impulsa el presidente Obrador, como una ratificación de mandato, esta también cumple con la segunda acción porque de esta forma se puede medir el ánimo de las personas en este ejercicio ciudadano y el músculo de la 4T para ratificar a su santo.
Observamos en la última movilización, del 1 de diciembre, en el Zócalo de la Ciudad de México la gran cantidad de personas que aún apoyan al jefe del Ejecutivo, sin embargo, los suspirantes a la candidatura presidencial no causaron mayor emoción, hasta Rocío Nahle y Rosa Icela recibieron más ovaciones del respetable.
Esta métrica también puede trasladarse al siguiente ejercicio ciudadano, pues los resultados que arrojen mostrarán con cuántas simpatías aún cuenta el presidente, y otro dato también de igual trascendencia: la movilización que se registrará en la Ciudad de México.
Es importante ver lo que suceda en la capital del país porque mostrará si hay algún patrón con lo sucedido en las elecciones del 6 de julio pasado, luego que el proyecto político del presidente Obrador sufriera una aplastante derrota en nueve alcaldías y porque estuvo a punto de perder Gustavo A. Madero y Xochimilco.
El proceso de revocación de mandato federal también será una ratificación de la actual administración de la Ciudad de México, donde podremos observar cuántas personas movilizan y si existen simpatías por cómo se lleva el gobierno.
Aún queda la duda de si en la ciudad se atreverán a realizar su propio ejercicio de revocación de mandato, pues la Constitución de la Ciudad de México faculta a los ciudadanos a solicitarla, cuando haya transcurrido la mitad de duración del cargo de representación popular y se obtenga la petición de al menos el 10 por ciento de las personas inscritas en la lista nominal de electores.
Si no se realiza el proceso para la jefatura de Gobierno, la omisión nos dirá que no tienen la confianza en sus acciones ni aseguradas las simpatías de los ciudadanos. Si se realiza, nos mostrará, de igual forma, la fortaleza o debilidad de la 4T en la ciudad y si el proyecto político del presidente sigue vivo o por lo menos muestra algunos estertores que puedan dar señal de movimiento.
En los dos casos, a mi parecer, es un derroche de recursos que bien podrían ser utilizados para otras necesidades más urgentes en el país y la ciudad. En el caso de la ciudad, el Instituto Electoral ni siquiera cuenta con los recursos para transferir las prerrogativas a los partidos políticos, que a su vez no les han pagado a sus trabajadores desde noviembre de este año; parece difícil que organice una revocación de mandato en 2022.