Bernardo López
El rechazo al proyecto constitucional de Chile manifiesta la repugnancia de las sociedades latinoamericanas -europeas de oriente y occidente- frente a la ola de ideas “progresistas”, que se fundamentan en una inclusión -que segrega y confronta a las personas en vez de unificarlas-, el “cuidado” del medio ambiente y contra el rechazo del uso de energías fósiles o el consumo de carne.
Entre los comentarios que se vierten en la sociedad chilena es que no aceptan una “constitución socialista”. ¿Quién pensó que poner a un presidente de izquierda iba a cambiar (de facto) las costumbres colectivas de una sociedad?, que se basa en los valores clásicos, fundamentados en el pasado biológico y de evolución social de miles de años de la especie humana.
En Colombia también se busca insuflar esta ola de ideas de izquierda y de lo políticamente correcto, con la agenda que busca despojar a las personas de sus principios básicos. ¿Pretenden hacer lo mismo en Brasil?, con un candidato de izquierda que no prende, frente a un Jair Bolsonaro que arrastra a las masas.
Porque la moda es despreciarte como hombre o como mujer, pues quieren imponer que lo masculino se refiera a seres sumisos y emasculados, mientras que las mujeres deben aborrecer ser madres y creadoras de vida.
Pero esta pauta nos ofrece directrices de lo que sucede en Latinoamérica y el destino al que quieren imponer en México. A partir de estas ideas podemos ver quién podría encaminarse a ser el presidente en 2024: quien lleve a cabo el fortalecimiento de estas ideas tóxicas, donde el dedo del pejelagarto es mera simulación.
En la Ciudad de México comenzaron con acciones “progre” de “uniforme neutro”, para que las niñas usen pantalón y los niños usen falda -y quien quiera hacerlo está en su derecho-, pero hasta el momento los niños siguen usando pantalones y las niñas siguen usando falda -no lograron confundir sus mentes, ni confrontar a las personas.
Otro ejemplo de segregación social se da en los lugares especiales en el transporte para mujeres, porque lo único que provoca es la confrontación social entre sexos. En las últimas semanas vimos dos ejemplos: dos mujeres peleando en un vagón del Metro, y en otro caso, una mujer reclamando a un hombre que se sentó junto a su familia en el espacio exclusivo para mujeres del Metrobús.
Sería esperanzador que los mexicanos rechazaran al candidato que les quiera imponer este tipo de ideas, porque lo que provocan es la distorsión de la sociedad, pues esto no se trata de ser conservador o liberal sino un acto de supervivencia. Porque esa persona que quieren imponer no representa liderazgo sino una mascarada para imponer la agenda “progre”.














