Bernardo López
Con las victorias electorales en Italia y Suecia, de los movimientos de derecha, se repele la agenda “progre”, que se quiere imponer en el mundo, y se reafirma el rechazo de las sociedades a este “gran reset” que marca la transición del siglo XX al siglo XXI.
Giorgia Meloni, a quien se le califica como de ultra derecha, manifestó durante su campaña el derecho a la identidad de las personas, de la familia y de la nacional, además manifestó su aversión a que los italianos sean reducidos a un número como sucede en varios países de Asia, donde a los individuos se les ha controlado mediante un código QR, que siempre deben portar en un “teléfono inteligente”, para forzarlos a estar actualizados en el número de inyecciones del experimento genético.
Esperemos que este cambio político que se dio en Italia sea con el fin de eliminar toda esa agenda perversa que busca destruir lo que es el ser humano, mediante la feminización de los hombres y la masculinización de las mujeres. Aunque en su primer discurso, después de obtener su victoria, las palabras de Meloni se escucharon mesuradas, al prometer que gobernará para todos los italianos y con el objetivo de unir al pueblo.
Al igual que en Italia, en Suecia se dio un vuelco hacía la derecha, con políticos que apoyan los movimientos anti inmigratorios. Aunque habría que sopesar si todos los países de Europa están en contra de una migración desordenada, la cual se usa como estandarte durante las campañas electorales.
También debemos esperar los resultados de Brasil, para que se pueda confirmar que las personas están en contra de esa nueva tabla de valores.
Estos fenómenos políticos y de cualquier país, ya sean victorias de izquierda o de derecha, no deben ser considerados como cheques en blanco, para que los gobernantes hagan lo que se les plazca con el poder que se les ha otorgado. Ningún presidente o primer ministro debería tener poderes absolutos; siempre tiene que haber contrapesos que permitan equilibrar las decisiones y acciones de gobierno. Porque, además, muchos políticos pueden hacer todo lo contrario de lo que prometieron en campaña.
Tampoco se debe permitir el avance en la perversa estrategia de control social mediante los celulares, porque en el momento que las personas concentren su vida en estos dispositivos podrían ser sometidos, hasta el extremo de negarles comida o servicios, si muestran disidencia u oposición a las arbitrariedades del gobierno.
Y lo más peligroso sería que con equipos electrónicos más avanzados obligaran a las personas a introducírselos en el cuerpo con el fin de tener un control total del organismo, de las actividades o de los lugares que se frecuentan.












