Enrique Escobedo

La famosa frase del escritor inglés Edward Bulwer-Lytton “la pluma es más poderosa que la espada” es el recurso literario y periodístico al que recurrimos escritores y periodistas ante los amagos y amenazas de un gobierno, sobre todo de corte autoritario. De ahí que deduzco que al amparo de esa máxima miles de colegas en México y en el mundo hemos escrito nuestros artículos editoriales con el mismo título. Lo utilizamos con la intención de hacerle ver a un gobierno acerca de sus pifias y de que la crítica no puede ser amordazada por las bayonetas y la represión mañanera.

En México la expresión adquiere un sentido pragmático cuando decimos que “los políticos tienen complejo de mosca, pues temen morir a periodicazos”. En otras palabras, es una máxima que describe el recelo de la clase política ante la prensa crítica y libre. Por eso no es de extrañarse que el presidente López Obrador haya creado en sus conferencias mañaneras su sección “quién es quién en las mentiras” a fin de señalar a periodistas y medios de información que le incomodan, pero debido a que no puede corromperlos, comprarlos, cooptarlos o sojuzgarlos lo que hace es señalarlos sin pruebas, estigmatizarlos y amagarlos con la malsana intención de sembrar dudas. Léase, recurre a la vieja conseja de “enloda, enloda que, aunque se limpie, algo quedará”.

La obsesión del presidente de redefinir, si acaso, los márgenes de maniobrabilidad de la libertad de expresión al intentar desaparecer al Instituto de Transparencia y así la sociedad no tenga información respecto al destino de los recursos públicos y, en consecuencia, no se le cuestione, ni critique es un absurdo. También lo es su estrategia de tirarse al piso y auto victimarse al decir que después de Francisco Madero es el presidente más criticado, como queriendo decir que es un revolucionario incomprendido. En efecto, es el más criticado, pero no por revolucionario, sino por la falta de resultados de su gestión, por la inseguridad pública, por su pésimo manejo de la pandemia, por la caída de la calidad educativa y por la escasez de medicamentos, por citar unos ejemplos.

Sabe que no puede regresar a la vieja censura controladora del papel periódico, ni sacar del aire a estaciones radiofónicas, ni manipular sindicatos de empresas de medios de comunicación. Es más, tiene claro que las redes sociales son imparables. Pero sabe que su táctica de sobre bombardear con información falsa y que desplegar sistemáticamente cortinas de humo con temas intrascendentes confunden a la ciudadanía y así él pude hacer lo que desea, ya que si tiene claro su deseo de instalar un Maximato.

Lo masivo le encanta porque sabe que ante la muchedumbre se pierden las proporciones y se difuminan las ideas hasta que se disipa la idea de distinguir lo importante de lo necesario. Tenemos un gobierno de magros resultados y con desplantes autoritarios, recuérdese su actitud engolosinada cuando nos recordó que él es jefe de las fuerzas armadas. Por lo anterior vivimos el eterno duelo entre la pluma y la espada. Una justa que en el siglo XXI adquiere nuevas dimensiones y proporciones, pero cuyos resultados vuelven a ser predecibles, la pluma ganará por el poder de la memoria histórica. Los políticos pasan y los periodistas se quedan.