• Algo que es familiar no provoca la atención

Enrique Escobedo

Es frecuente y común que en política los secretos se escondan en espacios abiertos, pues los seres humanos tendemos a ignorar o pasar por alto lo que nos es familiar. De ahí que las cifras de las personas fallecidas por el Covid ya no sean noticia. Tampoco los niveles de violencia, el índice de inflación, la caída de la inversión extranjera directa o las intenciones gubernamentales de acabar con los órganos constitucionales autónomos. Por citar algunos ejemplos.

Por lo anterior es claro que la estrategia del gobierno consiste en abarrotar de información a la sociedad mediante las conferencias mañaneras a fin de esconder sus pifias sanitario-asistenciales, sus errores en materia de política económica, sus fechorías en asuntos de transparencia y rendición de cuentas, su desplome en asuntos de calidad educativa o su porqueriza en materia de seguridad pública.

Ahora de lo que se trata, después de tres años de gobierno de cuestionable calidad, es que la actual administración señale y culpe a quienes no están plegados a sus designios y que paguen las consecuencias al ser señalados como los responsables de los errores del pasado. En otras palabras, las argucias que se diseñan desde el Palacio Nacional son con el fin de justificar sus ineptitudes al sostener que no avanzan más rápido porque los conservadores se oponen.

Consecuentemente, su táctica consiste en aparentar tranquilidad con la intención de que la oposición se agote. Dicha tranquilidad consiste en hablar, hablar, hablar y no hacer más allá de otorgar subsidios y dádivas de gasto social, sin trabajar ni alentar la productividad. La actual gestión sabe que no sabe y que no puede con el paquete, pero lo oculta en la charlatanería. Luego entonces, su trabajo de resistencia, que, si conoce, será culpar y hacerse la víctima.

Lo importante para el actual gobierno es que los partidos políticos de oposición, por sus configuraciones ideológicas, se vuelvan a fragmentar debido a que su actual alianza es coyuntural y pueda saquearlos. Es decir, debilitarlos y minimizarlos con la intención de que el continuismo de Morena se extienda y perdure transexenalmente. Es claro que la intención gubernamental es atacar a la disidencia, descalcificarla y agotarla hasta que la arrincone y manipule a su antojo y, por lo mismo, la oposición sea incapaz de afirmarse como una opción o alternativa de solución.

Me queda claro que una de las intenciones de la actual administración es que la sociedad se familiarice con el humo de color guinda y que sólo veamos lo que le conviene, que omitamos sus pifias en materia de salud, educación, empleo, seguridad pública y economía. La negativa gubernamental de ser transparente y no rendir cuentas formalmente es peligrosa, pues su propósito es ocultar su corrupción y, a la vez, mediante actos masivos llenos de arengas y triunfos glorículas construir un falso escaparate con el que nos habituemos. Quiere, como en el estalinismo, que veamos con normalidad las desapariciones, los linchamientos a la crítica propositiva, las listas con nombres de periodistas enemigos de la patria. Si llega el día en que veamos el autoritarismo con familiaridad, entonces la cuarta transformación habrá triunfado.