Enrique Escobedo
En la década de los años sesenta se fundó el Club de Roma y en 1972 publicó un libro intitulado Los límites del crecimiento. El Fondo de Cultura Económica lo editó en México y fue una sacudida de conciencias y motivó largos debates ideológicos. La obra que este año cumple 50 trata acerca de la economía, la industrialización, la población, los recursos del planeta y el deterioro que irrazonablemente se utilizaban en nombre del progreso. El libro nos alertó y advirtió que, si los gobiernos no tomaban las decisiones necesarias al respecto, el planeta no sobrevivirá más allá de cien años.
Desde mi punto de vista ese texto tiene razón. Su intención es hacernos ver que la humanidad debe autoimponerse reglas de operación a fin de no acabar con los recursos renovables y no renovables de manera indiscriminada y que la planeación familiar tiene sentido. De ahí que hoy ya hablamos de desarrollo sostenible y sustentable y prácticamente todos los gobiernos del mundo tienen un ministerio, departamento o secretaría dedicada a la ecología y la protección del medio ambiente. Aún más en esa misma década (1979) se celebró la primera conferencia mundial sobre el clima en Ginebra, Suiza y desde entonces se proyectó lo que conocemos como la Conferencia de las Partes (COP) que es una cumbre anual que realiza la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, con el propósito de trabajar en favor de las futuras generaciones.
Pero no ha sido fácil el camino. De hecho, en 1992 dicho Club publicó el libro Más allá de los límites del crecimiento y ya se han editado obras semejantes en los cuales los estudios de prospectiva nos siguen advirtiendo acerca de los riesgos que corremos por no moderar el consumo, así como nos recuerdan que tenemos un planeta finito.
Lo anterior lo traigo a la mesa de debate porque estamos a punto de llegar a la cifra de 8 mil millones de habitantes en el mundo. Algunos cálculos dicen que ya la alcanzamos. Es cierto que las estimaciones son cuestionables, pero nadie en su sano juicio puede decir que el punto a debatir es que junto con esa cifra lo importante es amalgamarla con los temas de producción de alimentos, la distribución de los mismos y su accesibilidad en el mercado. Además, que habrá agregar temas como el agua potable, salud, educación, trabajo digno, población afectada por el calentamiento global y recordar que, de acuerdo con cifras del Banco Mundial, el 55% de la población del planeta es urbana y que el 80% del producto interno bruto (PIB) del mundo se genera en las ciudades.
México está a punto de llegar a los 130 millones de habitantes y los temas prioritarios como alimentación, salud y educación pareciera que ha sido rebasados en la agenda nacional por el tema de la inseguridad pública. El gobierno de la República definió sus prelaciones en el Plan Nacional de Desarrollo 2019 – 2024, pero en la práctica lo que se observa que estamos en una encrucijada y no atina a redefinir lo estratégico de lo prioritario, ni a resolver lo urgente de lo necesario.
La humanidad ya está más allá de los límites del crecimiento y México aún tiene mucho que crecer y ofrecer a su población y al mundo. Estamos a la mitad del camino y el presidente López Obrador envió un primer mensaje poco alentador al sostener que ya se siente cansado y dos días después, reconsideró y ahora sostiene que no está cansado. En otras palabras, no se puede jugar a las cortinas de humo cuando la nación está a punto de llegar a 130 millones de habitantes y el planeta a los 8 mil millones. Hay que ser serios.