Enrique Escobedo 

La expresión “no” es un adverbio de negación y es una de las palabras más utilizadas en los discursos políticos, “no aumentarán los precios de las gasolinas”, “no negociaremos con terroristas”, “no permitiré que el país se deshaga en mis manos” y un largo etcétera. Lo cual se debe a que es comunicación asertiva e indicativa. Cuando en el discurso político se utiliza el “no” es debido a que se trata, paradójicamente de que se asume una posición imperativa y absoluta. Aún más, es común que los políticos empiecen sus arengas con la expresión “no”, a fin de precisar posteriormente sus posturas; por ejemplo “este parque no sólo es para ustedes, sino de las futuras generaciones”.   

En lógica aristotélica existen tres principios: el de identidad que nos dice que algo no puede ser y no ser; el de no contradicción que sostiene que es imposible que un atributo pertenezca y no pertenezca a un mismo sujeto al mismo tiempo, y por último el del tercero excluido que dice que dos proposiciones contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Aquí es claro cómo el “no” es fundamental en la lógica.  

El filósofo Martin Heidegger sostiene que el “no” expresa la limitación fundamental de la existencia, ya que una persona pudiendo ser, tiene la posibilidad de no ser. De ahí que es imprescindible el “no” en la existencia humana, pues a la vez, expresa la exclusión de posibilidades acerca de los fundamentos de una decisión u opción.  

Desde el punto de vista de la psicología el “no” es todo un tratado, pues es común que en ocasiones nos sintamos culpables por decir “no” debido a que tememos ser tachados de egoístas, pensamos que socialmente debemos quedar bien con todos y con todo y hacemos ver a los interlocutores que nuestro “no” podría ser más adelante un “si”.   

En la literatura es famoso el monólogo de Hamlet respecto al “ser o no ser” que, en efecto, pudiese ser una perogrullada, pero el camino para ser o no ser está plagado de dudas e incertidumbres. Tan es así que, si recorremos la tragedia del príncipe de Dinamarca, sostiene “podría estar atado a una cáscara de nuez y considerarme un rey infinito, si no fuera porque tengo pesadillas”. Aquí apreciamos que el “no” es limitativo, pero no definitivo.  

En la adolescencia es común que nos definamos por lo que no somos por encima de lo que somos debido a la búsqueda de lo que aspiramos ser. En otras palabras, es recordar aquel viejo chiste de primaria en el que nos preguntaban ¿en qué se parecen un campanario, un gato y un cuaderno? y la respuesta es “con ninguno de los tres puedes hacer una limonada”. Lo cual es, además de elemental, la presencia subyacente del “no”. En otras palabras, ese conjunto vacío que, aunque no lo vemos, si existe. Lo que podría interpretarse desde el punto de vista de que lo absurdo es imposible y contradictorio debido a la existencia del “no”.  

La utilidad del “no” en la vida de las personas y de la sociedad es muy importante porque significa no estar de acuerdo con algo o con alguien, lo cual enriquece la convivencia, a fin de educar y precisar los límites de lo permisible y de lo prohibido. Con lo cual se fijan términos de intimidad, vida privada y vida social.  

En la democracia el “no estoy de acuerdo” es manifestar la afirmación de la tolerancia y la convivencia con el propósito de criticar y aportar otras ideas que enriquezcan la vida política y social de una nación, sin que exista la posibilidad de ser reprimido por el gobierno.   

Así tenemos el caso del referéndum al que convocó el dictador Pinochet en el año de 1988, a fin de que el pueblo chileno decidiera si seguía o no en el poder hasta 1997. La dignidad de los ciudadanos de ese país de América del sur fue contundente y manifestó su rechazo al usurpador. En ese caso el dictador tuvo que asumir su derrota del “no te quedas” debido a que el mismo titiritero que lo puso, el Tío Sam, lo obligó a reconocer su capitulación.   

Por todo lo anterior, decir no estoy de acuerdo y manifestarlo con nuestros sufragios en las elecciones del próximo mes de junio es un rechazo a las decisiones de una forma de gobernar y, a la vez, es una propuesta a otra forma de cogobernar, pero de ninguna manera es una traición a la patria. Lo positivo del “no” es que en la democracia un partido no gobierna por siempre y nos permite la alternancia plural como forma constructiva del desarrollo nacional.