Enrique Escobedo
La serie de televisión Juego de Tronos del escritor George R.R. Martin nos relata acerca de la lucha de diferentes casas reales a fin de gobernar desde el Trono de Hierro a los Siete Reinos. La serie destaca por el desbordamiento de las pasiones humanas, las ambiciones, la falta de escrúpulos, traiciones, alianzas coyunturales y matrimonios por conveniencia. Es una obra política ficticia que nos revela que las venganzas, las intrigas y la ausencia de reglas claras de operación y del Derecho son la cotidianidad cuando el propósito es el poder.
Con toda proporción guardada veo cierta similitud con lo que acontece en México en la disputa por el Trono de Hierro mejor conocido como la Silla Presidencial. Por supuesto que el símil no puede llegar muy lejos. Ni deseo encontrar similitudes entre el perfil de los personajes de la serie con los actuales aspirantes a la presidencia de la República.
Empero basta observar cómo tres poderosos reinos: la Secretaría de Gobernación, la de Relaciones Exteriores y el gobierno capitalino desarrollan estrategias a fin de que sus titulares alcancen el poder. Son políticos que buscan alianzas con gobernadores, miembros del gabinete centralizado y paraestatal y con las fuerzas vivas, tales como empresarios, dueños de los medios de comunicación, iglesias, organizaciones civiles, sindicales y gremiales.
Léase, esas tres instituciones o casas reales tiene líderes que se han convertido en maestros de la intriga, no escatiman recursos a fin de lograr la consecución de su objetivo, violan la ley electoral sistemática y permanentemente y tratan de convencernos de que son la mejor opción a fin de continuar con el actual proyecto de gobierno. Hasta aquí el símil, pues en este caso hay quien ocupa la titularidad del poder Ejecutivo y cuida que la lucha de los tres personajes no se extralimite.
La disputa de los tres precandidatos oficiales del partido Morena es una batalla sin tregua. Los protagonistas tienen cualidades y defectos, como todos nosotros, y su preparación a fin de conducir a la nación es muy importante, independientemente de su formación profesional. Los tres han sido activos militantes de partidos políticos, tienen la piel dura y su discurso hasta el momento es plano, similar y reiterativo de continuismo.
Pero no son los únicos que suspiran a sentarse en el Trono de Hierro. También encontramos en esa lucha a políticos de otros partidos políticos que no tienen tantos recursos, ni tantos seguidores y cuyos arsenales son limitados, pero no por eso dejan de ser activos contendientes.
Se trata de señores feudales que podrían, en un momento dado, lograr las alianzas deseadas y sumar recursos a fin de ser serios candidatos. La alianza de los pequeños reinos es importante debido a que si logran ponerse de acuerdo sus posibilidades de alcanzar escaños, presidencias municipales y gobernaturas crece. De hecho, sería un éxito para ellos y una derrota para los amparados bajo el manto de presidente.
La lucha será sucia, desaseada, llena de lodo, mentiras, desarreglada, farsas, engaños, trampas jurídicas, fraudes, simulaciones y falsedades. Eso será un juego de tronos a la mexicana.













