Rafael Lulet 

En campaña López Obrador, manejó el uso de la revocación de mandato presidencial ante un referendo popular, esto, para dar una herramienta más al pueblo en contra de malos funcionarios, según él, porque la idea no solo sería contra el puesto del primer ejecutivo sino en todos los cargos de elección, incluyendo, diputados locales o federales, gobernadores, presidentes municipales, titulares de Secretarías entre otros más, en teoría suena bonito un país muy democrático pero, en la realidad ¿es viable?. 

Al estudiar la ideología morenista principalmente en el discurso populista del actual presidente en referencia de la revocatoria todo tiene tinte de Venezuela, principalmente lo instaurado por Hugo Rafael Chávez Frías en 1999, poco después de su llegada al poder en ese país, según lo presentado por este, era un mecanismo vertical que permitía a los ciudadanos mantener el control sobre sus gobernantes elegidos durante la permanencia de sus cargos, y habilitaba a cierto números de electores insatisfechos para reclamar elecciones especiales para su destitución.  

Pero, si nos vamos a la historia de esa herramienta democrática, nos encontramos varias implementaciones y sus resultados en diversos países tales como el ya mencionado, Venezuela, así como Perú, Colombia y Ecuador, todos ellos principalmente en América Latina, donde ninguno de ellos, podemos colocarlos en naciones con economías emergentes prometedoras a centrarte como potencias en futuro cercano o a largo plazo, sino al contrario, han tenido muchos problemas de crecimiento y en cuestión de democracia no han logrado capitalizarlos de tal manera que sean un ejemplo para otra regiones internacionales.  

Ha sido el fracaso de este mecanismo, al grado de que en Ecuador debió aplicar candados excesivos para su invocación, porque cuando se llevó a cabo una fuerte demanda los revocados, presentaron acciones inconstitucionales en contra de estos procesos tales como lo hecho por el secretario general de la asociación de Municipalidades Ecuatorianas en el 2010, ganando y provocando con ese antecedente la pauta para reformar la normativa. Por otro lado, Perú de igual manera ha tenido muchos problemas con la aplicación de dicho dispositivo democrático al grado de determinarse el uso del mismo solo para cobrar deudas electorales, “debido a ser utilizado por los candidatos perdedores contra los ganadores quienes resultan estar vulnerables ante una eventual revocación” (Vázquez Oruna, 2014, pp 32-33). 

En Colombia, las solicitudes para la revocatoria previo a la recolección de firmas y de ahí el referéndum, eran presentadas no por organizaciones civiles o por la ciudadanía, “sino por ex alcaldes o gobernadores, candidatos derrotados o precandidatos quienes por intereses personalistas abusaron de dicho mecanismo en detrimento de la construcción democrática participativa” (Franco-Cuervo, 2014, p 57). Al final en ese punto, la única beneficiada con ese dispositivo del pueblo era la elite política que usó la revocatoria tanto como una manera revanchista y de recuperación de cargos.  

Tal como lo describiría Welp & Serdül, “penosamente, estas prácticas derivan en problemas de gobernabilidad y no resuelven los de falta de legitimidad democrática”, agregando a ello, lo caro que es su aplicación, porque se debe de aprobar un recurso económico para llevarlo a cabo, así como el de habilitar una instancia independiente al Instituto Electoral o agregárselo, además de toda la movilización, habiendo hasta 2 o 3 posibles elecciones en un solo período. 

Es por eso, que la trampa de López Obrador por recurrir a la revocatoria le es favorable, porque la constitución no acepta tal dispositivo pese a tenerse lo descrito en el artículo 35 constitucional, debido a reformarla para implementar todo un mecanismo para su aplicación así como de un reglamento para sentar las bases de cómo llevarse a cabo, al final si concreta su consulta el siguiente año, y pierde, puede recurrir a lo realizado en Ecuador, la inconstitucionalidad de la consulta, pero mientras, se gastaron millones solo para complacer a un neopopulista con ansias de levantar su popularidad a vísperas de las elecciones del 2024.