Pedro Flores
No cabe duda que después de la billonada que se ha gastado el actual gobierno en sus obras emblemáticas, en regalar a países centroamericano y obviamente en la campaña presidencial, AMLO nos recuerda a Pedro Infante entonando esa canción de Ernesto Cortázar “Necesito Dinero”, si en aquella película filmada en 1952, en donde le dio Un papel a Antonio Aguilar.
Y es por eso por lo que le está quitando los 40 mil millones del dinero de las Afores a los trabajadores, con el pretexto de que son cuentas muertas o estancadas, y en lugar de buscar a los posibles dueños o beneficiarios, los administra el gobierno o sea su gente para tener efectivo para el término de su régimen.
Pero no crean que la situación para ahí, existe otra jugada retardada para obtener recursos según logró trascender en fuentes hacendarias y será por medio de un decreto, amparado en el Registro Único de Animales de Compañía el RUAC, que en su momento podrá solicitar un impuesto por su propiedad, y aunque diga que “No somos iguales” estaría emulando a Antonio López de Santa Ana.
Los que dicen saber de historia señalan en sus libros que el 3 de octubre de 1853 Antonio de Padua María Severino López de Santa Ana y Pérez Lebrón, mejor conocido como Antonio López de Santa Ana emitió un mandato, lo que ahora conocemos como decreto en donde imponía una “contribución” para todos los perros que fueran mascotas o acompañantes de caza, sólo se eximió a los perros guía, el monto a pagar era un peso mensual por mascota sin importar su raza o tamaño.
Santa Anna dio el mandato a través del Ayuntamiento de la Ciudad de México. En esta contribución estaban incluidos todos los perros que fueran mascotas o acompañantes de caza, sólo se eximió a los perros guía. Y el monto a pagar era un peso mensual por mascota sin importar su raza o tamaño.
Además de lo anterior se hizo la “sugerencia” para que se les pusiera collares especiales a los perros registrados y así, en caso de ver uno sin el accesorio, se podría proceder a capturarlo y sacrificarlo en un plazo de 24 horas si el dueño no pagaba el impuesto.
Se les dio a los habitantes un plazo de ocho días para que inscribieran a sus perros, a finales de 1853 muy pocas personas habían inscrito a sus mascotas y hubo incremento de perros callejeros, en el caso de nuestro país, ya es obligatorio y si no es causa de multa por los “servidores de la nación” que la harán de inspectores sanitarios casa por casa al término de las elecciones.
La situación es crítica, y a pesar los promotores del peso fuerte originado por las remesas y otros factores, la inflación y la carestía de alimentos sigue imparable, el endeudamiento en el gobierno de AMLO ascendió a más de 6 billones de pesos, luego de que solicitó 1.7 billones que solicitó para este año, no hay manera de que ese modelo “teórico” de país de AMLO sea sostenible en México durante el siguiente sexenio sin causar una crisis de enormes dimensiones.
Que se espera si seguimos en el país de cuarta, perdón en la 4T, otra vez la vieja frase: ¿hay que apretarse el cinturón y tomar agua para engañar al estómago? Pero ya ni eso hay; ¿hay que comer cada 2 meses con la tarjeta de bienestar? O salir a robar y matar que eso si es seguro que no te va a pasar nada.
Al paso que vamos y recordando que; “no somos iguales” no nos debe sorprender que se imite por el gobierno el decreto publicado en 1854, por el gobierno de Santa Anna, se promulgó un decreto que establecía una contribución sobre puertas y ventanas en México. A continuación, te presento los detalles de este decreto:
Artículo 1: Se estableció una contribución por las puertas y ventanas exteriores de los edificios urbanos y rústicos de la República. Artículo 2: La contribución se pagaba según una tarifa específica. Artículo 3: Las puertas y balcones o ventanas exteriores de las haciendas pagaban las cuotas por la vista a las plazas. Lo mejor es votar sin miedo por un México mejor, porque si no tendremos una vida de perros… pero de la calle











