Enrique Escobedo
Por supuesto que ganar o perder cualesquiera de las nueve entidades en las que se elegirá gobernador es importante por muchos motivos. Tales como el presupuestario. Sin embargo, a mi parecer la Ciudad de México es la joya de la corona en el ámbito estatal en el actual proceso electoral. Para Morena, que se dice representante de la izquierda vanguardista, es significativo mantener la plaza, ya que desde 1997 es gobernada por el Partido de la Revolución Democrática y luego por Morena. De ahí que es históricamente una plaza emblemática, además de que fue gobernada por el hoy presidente de la República.
Lo interesante es que hace tres años la actual candidata del partido oficial perdió estrepitosamente la mitad de las alcaldías, lo cual se debió, entre otras razones, a su mal gobierno y su mediocre gestión. Fue tan evidente su fracaso que el presidente López Obrador tuvo que entrar a su rescate, indicarle que cambiara del color verde al guinda los pendones de su gobierno, le impuso a Martí Batres como secretario de Gobierno, la invitaba a las conferencias mañaneras, le levantaba el brazo, le indicó a su gabinete federal que la apoyara y fue generoso con las asignaciones presupuestales; lástima que no se reflejó en bienestar para los capitalinos, pero si para su partido.
A decir de algunos colaboradores de los equipos de trabajo de las denominadas “corcholatas”, la encuesta fue un escenario de trampas a fin de hacer ganar a la candidata que el presidente deseara, desde entonces la señora Sheinbaum está en campaña permanente a fin de ser conocida en el país y de ser placeada con el propósito de legitimar la elección de Estado que se avecina. Es, en otras palabras, la persona ideal en los tejes y manejes presidenciales a fin de que pueda ser manipulada.
El plan presidencial soltó amarras y todo iba según lo deseaba el tabasqueño en los ámbitos federal y estatal hasta que recibió en su escritorio la encuesta verdadera en la que se le informa que Clara Brugada, su alfil para gobernar la ciudad de México durante los próximos seis años, está por debajo de Santiago Taboada. Más aún, ya se le hizo saber al presidente que el voto de castigo de la ciudadanía capitalina es una realidad debido al mal gobierno de Claudia Sheinbaum.
Ante dicho diagnóstico, el presidente, una vez más, violó las leyes electorales, quebrantó los principios de igualdad y equidad democráticos y desde su tribuna mañanera arremetió contra la oposición. Señaló que la ciudad se ha “derechizado” y que está optimista en que su partido gane la capital. Sin duda el presidente, junto con las candidatas, están preocupados de perder la ciudad de México, pues sería un precedente de la inconformidad social ante el mal gobierno de la física Sheinbaum.
Si acaso la oposición gana la ciudad de México se sentará un antecedente del hartazgo social respecto a Morena. Es consecuentemente un bastión fundamental y estratégico en los cuartos de comando de las campañas electorales, si el señor Taboada triunfa podría proyectarse su imagen política y convertirse en el candidato de la oposición en el año 2030, siempre y cuando primero realice un buen gobierno. De ser el caso la gloria de Morena pasaría a la historia como la docena trágica del siglo XXI.
Ganar la ciudad de México significa controlar el centro estratégico de resonancia política en el país. Ganar la ciudad de México es proyectarse con los grupos de opinión y las fuerzas vivas. Ganar la ciudad de México es desplegar el camino hacia nuevos horizontes políticos. Ganar la ciudad de México es lo que necesita la ciudadanía inconforme al ver que nuestros impuestos se desvían de la generación de bienes y servicios socialmente necesarios hacia políticas asistenciales de compra de votos o en la construcción de elefantes blancos. Por eso y otros motivos que no incluyo por falta de espacio es que se vuelve fundamental ganar la ciudad de México.











