Bernardo López
Nos toca a todos como sociedad, y a nuestros gobiernos como representantes en el mundo, resolver unidos el problema del agua radiactiva que se acumula para el enfriamiento de los reactores dañados por el tsunami, que afectó en 2011 a la planta nuclear Fukushima-Daiichi.
No se debe dejar toda la responsabilidad al Gobierno de Japón, aunque el mayor costo debería ser para la empresa que es responsable del complejo; sin embargo, no es un asunto menor el plan de verter agua radiactiva al Océano Pacífico.
Es un tema de corresponsabilidad, porque son actos que hemos hecho como seres humanos al crear y usar esta tecnología, que cuando ocurre un desastre de esta magnitud es importante que todos como especie y responsables destinemos los recursos suficientes para salir adelante, para el rescate del planeta.
Es ingenuo pensar que el vertido de agua contaminada únicamente se quedará confinada en las corrientes del Océano Pacífico; pues desde que sucedió el desastre hubo noticias sobre trazas de partículas contaminadas con radiactividad en costas de California y hasta Chile, debido a filtraciones del líquido.
Ha pasado más de una década del desastre y Japón ha almacenado aguas residuales -más de un millón de toneladas-, que ahora pretende liberar en el océano durante los siguientes 30 años, sin embargo, esto provoca preocupaciones sobre los daños a la fauna, la flora y a la salud de las personas.
El gobierno nipón señaló que ya no cuenta con espacio de almacenamiento, además aseguró que el agua tratada es segura para su liberación, aunque existe un rechazo nacional e internacional, que no está de acuerdo con la decisión, debido a que los productos del mar desempeñan un papel crucial en las dietas de muchos países.
Esta decisión del gobierno de Japón comienza a incrementar las tensiones regionales, principalmente con Corea del Sur y China, que han detenido la importación de productos del mar del país insular.
Aunque los representantes del gobierno japonés dicen que los niveles de radiación en las aguas residuales pueden no ser lo suficientemente altos como para causar pánico, si es de preocupar que la exposición a la radiación puede dañar. El tritio -un isótopo de hidrógeno- puede ser fácilmente absorbido por los seres vivos, lo que provocaría problemas de desarrollo para los bebés no nacidos, si las mujeres embarazadas ingieren la sustancia. Toca a los gobiernos del mundo destinar los recursos para dar solución a este problema, que amenaza a todos los organismos del planeta, al menos durante 200 años más, en tanto no se resuelva de forma definitiva el problema de los reactores dañados.













