Enrique Escobedo
Un eufemismo es el uso de las palabras o frases de manera suave, decorosa y sutil con lo cual se sustituyen expresiones consideradas groseras, burdas, cínicas, fuertes, de mal gusto y políticamente incorrectas. Por ejemplo, decimos tercera edad en lugar de población vieja. Por su parte, un sinónimo se refiere a las palabras con el mismo significado o expresión, ya que pertenecen a la misma categoría gramatical y pueden sustituirse o intercambiarse sin que cambie el sentido de la frase o conversación. Por ejemplo: esposos o cónyuges.
Lo escrito arriba es elemental, pero lo quiero precisar porque “prolongación de mandato” y “reelección” no son sinónimos, pero en política es un eufemismo con intención y jiribilla debido a las actuales circunstancias y discursos del presidente de la República. Su intención flota en el ambiente nacional y ya se crean hipótesis de subterfugios acomodaticios. En lo personal me parece cuestionable el discurso presidencial porque éticamente es violatorio al espíritu Constitucional y es un contrasentido histórico de la Revolución mexicana.
Sabemos indirectamente, aunque los anales formales de la historia no lo registran, que el presidente Miguel Alemán (1946-1952) sondeó entre grupos de poder la idea de la reelección, pero rápidamente fue disuadido por centrales obreras y miembros de las fuerzas armadas. El fenómeno se repitió con Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) quien también sucumbió a la idea de la reelección ante un grupúsculo de aduladores, pero intelectuales y grupos de opinión también le hicieron ver las nefastas consecuencias de intentarlo. Carlos Salinas (1988-1984) fue más osado y experimentó la intentona en San Luis Potosí con malos resultados, pero tuvo éxito en Yucatán cuando logró que Víctor Cervera Pacheco, después de haber sido gobernador interino en (1984-1988), repitiera en el puesto como gobernador electo (1995-2001). Situación que encendió alarmas y serias críticas al experimento. Consecuentemente, la idea se abandonó.
Ahora estamos viendo una nueva intentona de reelección, al amparo de un eufemismo, llamado prolongación de mandato o, en su caso, revocación de mandato. El modelo ya se intentó en Baja California con el actual gobernador Jaime Bonilla, quien compitió para ocupar el cargo dos años y antes de tomar posesión – con el apoyo del gobierno federal – confabuló con el congreso local a fin de extender su periodo al frente del poder Ejecutivo estatal. Afortunadamente ese cambio de reglas no fructificó porque la Suprema Corte de Justicia de la Nación lo impidió. Sin embargo, la estrategia sigue y ahora el instrumento fue el Senado de la República mediante un artículo transitorio a fin de que el presidente del Poder Judicial, Arturo Zaldívar, prolongue su mandato. Aún más, en la gira de trabajo del presidente López Obrador en Dos Bocas, hace un par de semanas, las huestes del partido oficial le gritaban que se reeligiera. Él dijo que no debido a su credo maderista, pero queda la duda si en lugar de reelegirse, recurrirá a la figura del eufemismo y proponga la prolongación de mandato mediante un proceso de revocación, que es contrario a la contienda electoral.
Es cierto que reelección y prolongación del mandato no son sinónimos y que jurídicamente no son lo mismo, pero para fines prácticos y cínicos de la política son exactamente equivalentes. Eternizarse en un cargo como lo es la titularidad del poder Ejecutivo es una dictadura, aunque se disfrace y envuelva en el eufemismo de voluntad popular a mano alzada en las manifestaciones organizadas por el partido en el poder.
Son muchas y graves las consecuencias de una prolongada estancia en la Presidencia de la República, pues se anquilosa la Administración pública, la esclerosis del poder nubla las mentes de los mandos superiores del gobierno y la movilidad social se asfixia ante la gerontocracia. Tal vez la actual administración justifique las intenciones que ahora se infieren de prolongar su mandato porque la pandemia nos enclaustró, pero eso es un pueril pretexto. Se gobierna con las circunstancias y se hace lo que se puede en el tiempo de gobierno que determina una democracia y sus leyes. Eso es la democracia. El cinismo tautológico mediante el cual se repiten los temas del discurso presidencial respecto al golpismo, la reelección y la prolongación del mandato vía la revocación es de llamar seriamente la atención. Detrás está la obsesión por el poder y su riesgoso abuso. De ahí que debemos estar atentos a cuidar la democracia y no destruirla en el juego perverso de eufemismos y sinónimos.











