Rafael Lulet /  @rafael.lulet

A días de cumplirse un año de la toma de protesta del Presidente López Obrador, más los 4 meses aproximadamente de transición, la economía se ha estancado, el desempleo ha aumentado a una tasa del 3.6 en comparación al 2018 donde se tuvo un 3.3 en todo el país según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en comparación de mes contra mes; el crecimiento manejado por parte del Gobierno Federal fue del 0.1 por ciento, y los analistas han determinado la misma tendencia para el siguiente 2020, con una posibilidad de una contracción lo que ha significado el peor desempeño del Producto Interno Bruto (PIB), desde el 2009.

Si las proyecciones siguen como lo estiman, el país se encontrará en serios problemas, es por eso la importancia de un buen planteamiento en la presentación del plan presupuestal del siguiente año en las Cámaras Legislativas, el cual deberá considerar las diversas posibilidades de riesgos económicos, porque si fallan dichas estimaciones correremos el riesgo de tener una fragilidad financiera del erario público y con ello, si ya de por sí el recorte actual ha sido drástico, con esa situación será peor.

Según la Secretaría de Hacienda, el crecimiento presupuestado para el 2020, deberá encontrarse entre 1.4 y 2.4 porcentual a expensas de una producción de 1.9 millones de barriles de petróleo diarios estimando proyectarse un precio de 70 dólares por barril, esto siempre y cuando no haya una caída del crudo el cual se encuentra actualmente en 61.59 Dólares por unidad, sin embargo su estabilidad no ha sido del todo claro debido a haber arrancado el presente año con un precio de 58.74.

Las repercusiones al sobrestimación del ingreso del 2020, acarreará, recortes al gasto público, generando un menor crecimiento y con ello una espiral negativa, orillando al gobierno un aumento de impuestos yendo contra lo declarado por López Obrador, de no hacerlo, el endeudamiento será otra de las vertientes a recurrir con dicho panorama y por último el encarecimiento financiero del soberano, el cual lo pondría en la posibilidad de echarle el guante al Fondo de Estabilización pero eso no solucionaría mucho porque se agotaría de inmediato; en resumen el plan de austeridad no será para el 2020 un tema político sino necesario, esto quiere decir que lo propuesto en el 2019 no tuvo los resultados esperados.

Dos millones de desempleados en el segundo trimestre del presente año, el número más elevado desde el 2016, la caída de la inversión privada para el próximo periodo es algo preocupante para las diferentes Cámaras de Comercio ante los pronósticos de los analistas financieros y el comportamiento de los ingresos en la Federación el cual se ve reflejado con el pobre crecimiento del 0.01 en el 2019 en comparación con el primer año de Enrique Peña Nieto, habiendo sido del 1.2 porcentual y que en esos momentos se consideró como una pésima actuación de esa administración.

Ante un mal panorama en el 2020, los empresarios e inversionistas han manifestado el no querer arriesgar su patrimonio en una economía con tendencia a la baja, eso agudizará el crecimiento esperado para el siguiente año, y se pone peor, ya que también ven con malos ojos, los cambios al Código Fiscal y la creación de las leyes de Extinción de Dominio así como la de Antifacturas; colocándolos en problemas para poder seguir operando.

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