Ángel Bejarano O. 

Todo volvió a la normalidad. La luna de miel se terminó. La ilusión que años atrás inundaba los rostros del presidente López Obrador y Marcelo Ebrard, para más señas cobra como secretario de Relaciones Exteriores, por su dizque excelente relación con el que en su momento fue presidente de Estados Unidos, se fue a pique. Mejor dicho, no sólo les rompieron su piñata – aunque no sea el mes de diciembre-, también les doblaron su espíritu envalentonado. 

El locuaz Donald Trump se olvidó de las cuestiones de las relaciones diplomáticas que en su momento trató de llevar con México, aunque hay que señalar que esto no es lo suyo, e hizo volver a la realidad al originario de Tabasco. 

Fue un golpe seco. Tanto, que en un principio el tabasqueño sólo alcanzó a balbucear que el hacedor de millones de dólares estadunidense era un personaje que se comportaba con poca seriedad. Y, más molesto por las críticas que diversos sectores de la sociedad le endilgaron, trató de enviar un jab advirtiendo que no iba a permitir que traten a México como piñata. 

Más allá de que Trump está acelerando los tiempos para que en la casa blanca vuelva a estar un representante de los republicanos, lo cierto es que sus declaraciones en el estado de Ohio fueron duras. Según él, en 2019 amenazó a López Obrador con imponer aranceles a las importaciones de México a Estados Unidos si no blindaba la frontera sur con militares para contener la migración. Y la advertencia tuvo sus frutos: de inmediato llegaron a esa zona más de 25 mil elementos de la Guardia Nacional y el ejército para contener la desbandada de seres humanos que trataban de llegar a Estados Unidos utilizando a México como trampolín. 

Y habría que preguntarse qué papel jugó Ebrard en la relación López Obrador-Trump para que la relación se hiciera añicos. Los que conocen de cuestiones diplomáticas señalan que el “francesito” sólo ha jugado un papel de árbitro, toda vez que únicamente se ha dedicado a ver las prácticas poco lícitas del “colorado” y la nula técnica y defensa del señor que habita Palacio Nacional. 

Ahora bien, me parece justo subrayar que el canciller también ha jugado un papel de pararrayos en la actual relación México-Estados Unidos, relación por demás tersa si se le compara con la del “colorado” Trump. 

Si se hiciera un comparativo entre los cancilleres de México, me aventuraría a señalar que se extrañan los tiempos de Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, quien fungió como secretario de Relaciones Exteriores -1979-1982-.  Ingresó al Servicio Exterior Mexicano en la década de los cincuenta y fue un canciller respetado en todo el mundo. 

Recordar que Castañeda participó en 1981 en la famosa “Cumbre Norte-Sur” en Cancún, donde se dieron cita representantes de 22 países para tratar temas de mucha importancia, como la seguridad alimentaria y el desarrollo agrícola, monetarios, financieros y de comercio, entre otros más. 

No obstante que existe el Servicio Exterior Mexicano para prepararse, sobretodo quienes egresan de la carrera de Relaciones Internacionales, la práctica común en México es designar a políticos como embajadores en el exterior. A quienes cayeron de la gracia del presidente en turno los envían a países subdesarrollados; por el contrario, a los amigos les corresponde vacacionar en países del primer mundo. 

Esta es nuestra política que rige en la Secretaría de Relaciones Exteriores.