Bernardo López
Ahora más que nunca, las personas deben tener los pies bien plantados en la tierra, pues ha comenzado la fase más perversa de control social, mediante la distorsión de la realidad, que se implementará a través de tecnologías digitales y las redes sociales.
El peligro no está en que puedas ingresar a este mundo de fantasía (al mezclar el espacio físico con imágenes recreadas digitalmente) sino en que no te permitan salir a la realidad pura y dura.
En la actualidad, las personas pueden discernir y discriminar la información que pertenece al espacio fantástico del real, obtener entretenimiento y continuar con su vida asentada en las necesidades protección, alimentación y educación. Ahora se busca recrear una burbuja feliz, plagada de información sensorial que atrofiaría la razón, la duda, la reflexión, y en última instancia la disidencia.
Muchos pensarán que podrán entrar y salir de este “metaverso” sin restricciones y con la libertad de escapar de él cuando así lo decidan, de manera soberana, sin embargo, se están construyendo, paralelamente, otros procesos de control social, que van desde el dinero digital, los pases sanitarios, la hipervigilancia de los espacios públicos, los organismos genéticamente modificados, el acaparamiento de la tierra cultivable, la obtención de los datos biométricos de las personas, la recopilación de la información sobre los gustos de cada individuo y la implantación de la inteligencia artificial en todos los procesos digitales, que vigilan y aprenden sobre el comportamiento humano.
La pinza se cierra con la implantación de dispositivos electrónicos en los seres humanos. Meses atrás se dio a conocer cómo un mono daba instrucciones mediante un chip implantado en su cerebro a un videojuego de ping-pong. Este dispositivo se conecta en el cráneo y se carga de forma inalámbrica. ¿Querrán en algún momento forzar a las personas a incrustarse un dispositivo similar? ¿Cómo lo van a justificar: con otra emergencia sanitaria?
La prueba está en que estas maquinarias -con fachada de redes sociales- se han arrogado el derecho de censurar el pensamiento de las personas. ¿Qué no nos hace pensar que en algún momento se sentirán con la autoridad de negar el acceso a la cuenta con dinero digital, los servicios de luz, agua, comunicaciones, todos plagados de tecnología digital?
Otro indicio lo aportó Frances Haugen, excolaboradora de Facebook, quien compartió una ínfima parte de cómo opera esta empresa, además de la forma en que se controlan los posts de las personas.







